Troy Bruno Von Balthazar es de esos músicos/creadores excéntricos de los que ya no quedan. Recuerdo la primera vez que vi a Chokebore, su anterior grupo. Fue un concierto triste y poderoso, Troy llevaba una zapatilla deportiva en el pie izquierdo y un zapato de charol remendado con cinta americana en el derecho. Al acabar el concierto le entrevistamos y al tio le hizo una ilusión terrible que le dijeramos que su música era tan triste que nos hacía venir ganas de llorar. También recuerdo que me pareció tan zumbado que creí que era una especie de pose. Pero ahora que TVB ha vuelto en solitario y leo en entrevistas sus declaraciones veo que quizás no era una pose sino que simplemente él es así. En serio, estamos hablando de un tío que dice que su primera experiencia con la música fue cuando a los seis años se cayó por unas escaleras y pudo escuchar el sonido de su cerebro moviéndose dentro de su cabeza. Pero eso no es lo que nos importa, sino su disco de debut que acaba de ser editado en la península por la distri y sello sevillano Green Ufos.
Parece que TVB no quiere ser recordado sólo por la banda de triste-core que dejó embobados a Kurt Cobain, Elliott Smith o Chan Marshall. Y lo deja bien claro con la sentencia lapidaria con la que decora la sección “Bio” de su página web: donde se supone debería estar su trayectoria artística analizada al dedillo sólo encontramos una frase en cuerpo 24: “Troy Von Balthazar writes beautiful music”. Y, por Tutatis, razón no le falta.
TVB, el trobador vagabundo de Hawai, sólo ha cambiado las guitarras distorsionadas por la acústica, las grabadoras de bolsillo, los teclados en miniatura con todos esos botones tan pequeños y los micrófonos baratos, tan traviesos. Pero las canciones, aaah… las canciones. TVB no sólo no ha perdido la forma sino que encontramos aquí algunas de las mejores canciones que ha compuesto en su vida. Y si no me creeis, probad a escuchar “Dogs”, tan triste y bonita, arropada por la preciosa voz de Adeline Fargier, o “Real strong love”, donde arrastra las vocales de la manera a la que nos tenía acostumbrados “hold your tongue out enemyyy-yyyyyaaah”, maravillosa. O la sensual “Playground”. O el broche final que es “Heroic little sisters” donde nos recuerda que “aún tenemos voces, prométeme que no lo olvidarás, el gobierno aún no nos posee (…) follamos como caballos, no deberíamos ser libres para siempre?”.
Que parte del disco haya sido compuesto en la casa de Leonard Cohen en L.A., donde TVB se instaló por el morro durante una temporada o que se grabara en el estudio de Elliott Smith tampoco debería decirnos mucho. Ni tampoco que actualmente se haya instalado a lo zíngaro en Francia, sin un sitio al que llamar casa. Todo esto tan sólo son anécdotas, carne de hoja promocional, que nos hablan del TVB personaje y no de lo que se supone que nos importa aquí, que son su disco y las canciones que contiene. Las canciones, maravillosas, tristes y estupendas. Con ruiditos y voces distorsionadas y a 3 r.p.m. Como digo, de lo mejor que ha escrito en su vida. Y el disco… el disco es un artefacto redondito, en bonito digipack, que contiene las canciones de las que hablaba. Y quizás las canciones se pueden meter en un iPod o en un móvil polifónico de última generación, pero TVB tiene un llamamiento que hacer a sus fans: “Por favor, no copies este album porque me gustaría seguir haciendo música y si no vendo ni un disco me volveré loco y huiré al monte para vivir con las ardillas. Gracias. Troy”. Hacedle caso, os digo yo. Vale la pena.





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