En mi casa somos más felices desde que ha desembarcado el catálogo de El Toro Records. Esta gente de Pineda, al lado de Barcelona, se dedica a investigar en el submundo del rock and roll primitivo y seminal, y sacan discos de grupos de todas partes del globo. Todos ellos con un denominador común: la fidelidad al sonido y la estética del rock and roll de los años 50. Y no para tratar de moverse en el mundo del revival pin-up que lleva a miles de niñas vestidas de Betty Boo con tattoos de golondrinas a apuntarse a todo festejo musical que les proponga una marca de ropa o de cerveza, sino para reivindicar una pureza que, a fecha de hoy, sigue siendo vigente por su capacidad de comunicar estados de ánimo que pocas otras músicas saben comunicar. Un estado de ánimo inocente, que se pone romántico cuando suena una balada y se peina el tupé para ir de cacería cuando suena vacilón. Como si fueran niños con juguetes, me da la sensación de que todos los músicos de todas las bandas que edita El Toro Records se lo pasan tan y tan bien que deben mirarse el mundo de las tendencias modernas y se deben partir de risa pensando “no tienen ni puta idea”. Y no me extraña, por eso el rock and roll fue tan influyente y pervivirá en el tiempo mientras tantos otros estilos o sub-estilos perecerán en la memoria colectiva. La gente de El Toro nos ha enviado amablemente sus últimas referencias: Mr. Whiz (”I wanna go”), The Nu Niles (”You didn’t come to my funeral”), Moonlight Cruisers (”Hey there baby!”), The Western Aces (”Introducing the…”) y The Hometown Gamblers (de quienes ya hicimos una reseña). Todos ellos son encantadores, transparentes, “sanos”, no sé si me explico… ni un atisbo de corrupción pro-comercialoide, ni un gramo de afectación melodramática, ni un acorde con pretensión “arty”… El rock and roll siempre fue hedonismo, celebración vital, aceptación de la tristeza pero no propaganda emocional, un grito juvenil de liberación. Esa actitud pervive, no solo en los grupos que practican rock and roll puro, sino en todo el mundo de la música pop, desde los Pet Shop Boys a Slayer. El único reducto dónde el espíritu del rock and roll ha perecido es en gran parte del rock independiente. Esa gente que creyó que lo guay del rock eran los artistas torturados, esa gente que necesita demostrar su talla intelectual citando a Rimbaud con una Gretsch colgada del cuello o justificar su música como expresión política. Prefiero diez mil veces cualquier disco de rock and roll de “come on baby let’s dance” que escuchar al enésimo clon de Radiohead lloriqueando o a Zach de la Rocha vendiéndome panfletos izquierdistas de pijo.

Me gustaría destacar The Western Aces porque suenan antiguos antguos, de lo más purista. Hillbilly, Western Swing, estilos muy primarios, seguramente los primeros pasos que dio el rock and roll nacido bajo el fuerte influjo del country. Me parecen de lo mejor de la selección por lo auténtico de su sonido. Por otro lado, a The Nu Niles, que son españoles y que abarcan un espectro más amplio que la media, ya que tanto tienen momentos de rock and roll antiguo clásico como arranques de psychobilly, de garaje e incluso algun amago punk a lo Social Distortion. Quizás los que tienen una visión más moderna, sin que eso signifique mejor ni peor, del género, entendiendo que, en su caso, la modernidad la pone la distorsión en las guitarras, que no abunda en el catálogo de El Toro.