Hay un pequeño error muy común en esto del hardcore, es el de meter en el mismo saco las bandas de la generación de Minor Threat, The F.U.’s o 7seconds con grupos bastante posteriores como Gorilla Biscuits o Youth of Today. Éstos últimos forman parte de un revival, ellos querían recuperar el espíritu y el sonido del hardcore primigenio y por eso se hacían llamar grupos de old school hardcore, pero a principios de los ochenta en Boston, Washington o California nadie hacia old school, simplemente tocaban hardcore/punk, se lo estaban inventando.

Actualmente los grupos que se autodenominan old school suelen moverse dentro del estilo que delimitaron las bandas de finales de los ochenta, convertido desde hace años en un movimiento casi monopolizado por el straight edge, evidentemente hay cuantiosas excepciones a tener en cuenta. Por otro lado los grupos que llamaríamos hardcore/punk también son veloces y chillones, pero sin tantas concesiones estilísticas. Para que nos entendamos: están más cerca de Circle Jerks, Poison Idea o Dead Kennedys que de Judge o Bold. Estas bandas suelen moverse en unos ambientes más cercanos al crust, y mucho menos dogmáticos.

…Y con estas tonterías no quiero delimitar nada ni a nadie, evidentemente se debería matizar mucho, hablar en términos tan generales siempre lleva a parecer un ignorante, pero no es de esto de lo vengo a hablar sino del disco de The Voids, y creo que si hubiera dicho simplemente que eran un grupo de hardcore a la vieja usanza habría confusiones.

The Voids vienen haciendo hardcore/punk desde 1996. Básicamente facturan temazos a piñón fijo, sin abusar de palm-mutes y evitando a toda costa los típicos arranques en tres tiempos que suelen hacer las bandas de old school, eso del “xan!, xanxán!, tatatxaan!! Seguido del evidente tupatupa”. Aquí se toca rápido de principio a fin, se dice lo que se tiene que decir y se va a por la siguiente canción, aunque no siempre, en alguna ocasión saben darle al medio tiempo una intensidad bastante oscura.

Quizás su aspecto más característico sea esa voz femenina ligeramente melódica que les da algo especial, para que nos entendamos tienen bastante que ver con Tribe 8, aunque personalmente me recuerdan mucho más a Harum Scarum, ese fabuloso grupo femenino de su generación que nunca será suficientemente reconocido.

Sus letras van un poco más allá de los tópicos, aunque no demasiado, hablan de la vida en los suburbios, la paranoia americana o la industria discográfica, pero también se atreven con el fin de la adolescencia o el lado doloroso del romance. Todo ello filtrado por una visión torturada del mundo bastante crusty.

Son 12 canciones que entusiasmarán a todos aquellos que todavía disfruten escuchando Subhumans, pero también a cualquiera que sepa apreciar los primeros discos editados por Dischord, BYO o Taang! records.