Las apisonadoras de l’Arboç vuelven a la carretera, que se aparten los remilgados.
Con este ya van cinco largos, cuatro desde que con ese e.p. titulado Aixafacaps definieran el que iba a ser su estilo, ese inconfundible sonido The Rippers que ha abierto un mundo aparte dentro del punk más oscuro y agresivo. Después de dos discos grabados en ultramarinos que se caracterizaban por unas guitarras opacas y un potencia sónica que asustaba, han vuelto a optar por la auto-producción, como ya hicieron con ese legendario No Môrt. Y una vez más han dado en el clavo.

Al empezar con Under Siege y Vertigo parece que hayan grabado una perfecta continuación de lo que vienen haciendo con los años, pero hay algo en el sonido, tal vez sea más brillante, menos tosco. El disco sigue y se hace evidente que las guitarras han recuperado la claridad de sus primeros tiempos, con un sonido mucho más inteligible y lleno de matices que en el anterior Nomelecs Revenge. Dando al conjunto del disco una elegancia roquera que no se lleva nada mal con su habitual mala ostia. Marc sigue berreando, pero de un modo menos violento y más doloroso. Además introduce lo que para mi es la mejor aportación que ofrece este disco respecto su habitual sonido, esas partes recitadas con la voz rota, una especie de susurros agónicos que no rompen para nada su particular atmósfera sino que la enriquecen. Temas como Leaning Towards Darkness, Can’t You See, Into the shell o Among the spiders pueden dar buena constancia de ello.

La verdad es que si siguen pasando semanas y sigue sonando con tal asiduidad en mi aparato, es posible que termine por decir que se trata del mejor disco de The Rippers, y eso es decir mucho en una discografía como la de esta gente. De hecho tal vez lo sea, pues aunque solo tiene nueve canciones no imagino como se podría mejorar, realmente no le sobra ni un acorde.