Sería bien extraño que después de 25 años de carrera The Queers fueran capaces de sorprender a alguien, lo que si hacen, tal vez ahora más que nunca, es un poco más feliz a la gente.

Me gustan las melodías fáciles, lo reconozco, no me interesa demasiado la música que requiera ser pensada o digerida, soy uno de esos conservadores que todavía piensan que la música se escucha con el cuerpo: ya sea bailando, cocinando, sonriendo o montando en bici. Para ejercitar la mente existen las palabras, y las canciones pueden contenerlas o no.

Pues eso, que los Queers son primavera, manga corta y cerveza fresca. En este sentido podríamos decir que no aportan nada nuevo a la inabarcable cantidad de discos PunkRock de corte Ramones, pero en el caso de este disco sería hecharlos directamente al saco sin prestar atención al detalle. Y el detalle, amigos míos, es que se han entregado de forma abierta a la sonoridad Pop, de hecho con tanta carrera a sus espaldas sería un poco tonto seguir sin atreverse a quitarle la distorsión a unas hermosas melodías que tantos grupos ensucian por miedo a parecer blandengues. La veterania es un grado, y les da la ligereza necesaria para hacer algunos de los temas más tranquilos y soleados de su carrera, llenos de shubidubap-dubap y shalalas. Con algunas lineas de bajo explicitamente surferas, y ese toque Jukebox 60’s que me trae a la cabeza la gordita bailona de Hairspray (la de Watters, evidentemente), llegan a versionar I Can’t Stay Mad At You, un tema que solia interpretar Skeeter Davis de puño y letra de Carol King. Además el álbum termina con una preciosidad semi-coral llamada Brian Wilson que bien podría tratarse de la canción escondida del histórico Pet Sounds.

Por lo demás buen PunkRock melódico, con colaboraciones de miembros de Even in Blackouts, a quienes con este disco se acercan bastante, o de los australianos Hard Ons. Incluso les ha compuesto un tema Helen Love, la reina del PopPunk de gominola, y dos el gran Ben Weasel, entre ellas Tangerine, que sin duda es el corte guitarrero más bonito del disco. Un Ben Weasel que, por cierto, acaba de autoeditarse un álbum con “his iron string band” que solo se puede adquirir a través de internet pero que recomiendo muchísimo.