Ian MacKaye es un tio que respeto y me cae bien, pero sin pasarse. Lo que quiero decir con esto es que no quiero encasillarme en ninguna de las dos categorías que se han creado al opinar de él, que son A) Los fans pesados que le rien todas las gracias y pierden el culo por todo lo que hace y B) los que le odian por encima de todas las cosas y que opinan, como gráficamente hacían Poison Idea, que es un asshole.

Ian MacKaye es un tio honesto, vaya, todo lo honesto que se puede ser en esta sociedad de consumo en la que los que no estamos alieneados con el capital nos vemos obligados a vivir bajo tantas contradicciones. Porque supongo que el tio tiene una hipoteca (o dos), o un coche, y posiblemente sus bambas hayan sido hechas en Corea por un niño de 10 años, no me refería a eso. Esas cosas nos pasan a todos y el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Me refería a que en el campo de creatividad en el que ha escogido desarrollar su creatividad, la música, en su vertiente más underground, es un ejemplo a seguir. No hará falta que les explique a los lectores lo de Dischord, Minor Threat, Fugazi, entradas y discos baratos, no merchandising, no entrevistas a medios sospechosos, control total del proceso de creación y distribución, etc. Doy la lección por sabida.

Lo que me pasa con el Sr. MacKaye es que a veces no soporto su puritanismo, al menos el que se desprende de su persona pública. Su postura ante ciertas cosas (especialmente en lo que se refiere a los vicios en general) se me antoja como el reverso tenebroso de esa actitud de “fuerza positiva” que fue marca de fábrica de la escena de Washington D.C. Exactamente en ese punto imaginario en el que intersecta con la repulsiva ideología de lo políticamente correcto.

Y más concretamente me refiero a la actitud de la que ahora hace gala con su nuevo duo, The Evens en lo que respecta a los sitios en los que tocan. Me parece estupendo el hecho que MacKaye se haya cansado de las salas de conciertos de actitud autoritaria y gorilas sub-humanos en la puerta, de los machos bailando en el pit para demostrar su hombría, de los jevis meneando sus greñas sudorosas por toda tu cara y de la gente en primera fila quemando con cigarrillos tu camisa nueva. Yo también estoy harto. Pero de ahí a pasar a tocar sólo en sitios pintorescos y no-comerciales, que por lo menos en este país, suelen ser sitios super-subvencionados por la administración de turno, y dejar de banda los bares minúsculos y alternativos sólo por el hecho de que vendan alcohol y cigarrillos va un gran trecho. Sé que MacKaye tiene sus razones políticas para actuar de la manera que actua y, en el fondo, supongo que lo respeto, pero él debería saber que en ese aspecto suele coincidir con las razones que llevan a sus compatriotas, los turistas americanos, a exigir un McDonalds / Starbucks en cada bendito rincón de Europa para no tener que soportar los bares llenos de humo y con el suelo atestado de colillas, serrín y peladuras de gamba que han hecho grande a este continente. Que yo sepa el punk no surgió de las tiendas de comida macrobiótica, ni de los restaurantes vegetarianos, sino de los antros de perdición de los barrios más degradados del mundo anglosajón. Y aunque tampoco pienso que el punto nihilista y auto-destructivo que tenía en sus principios sea algo deseable de ser conservado, tampoco me llena de emoción que la contra-cultura, el underground o como querais llamarlo, se convierta en un sitio aséptico de gente sana y guapa desayunando muesli con yogur después de una noche de yoga y sexo tántrico. He dicho.

Y dejando eso de lado, que no es poco, debo confesar que The Evens me gustan bastante, aunque no me vuelvan loco. Me gusta su puntito anti-rock y la aproximación amateur de su manera de hacer música. También me gusta el sonido y las letras político-subjetivas. Me gusta que canten los dos al unísono o ahora-tú-ahora-yo y que el disco se haya grabado en el sotano de Dischord house y mezclado en Inner Ear por Don Zientara, como la mitad de mi colección de discos.
En resumen, que si os gusto el primer disco de The Evens, este os gustará igual, y que si no, no. Y que si vienen otra vez a tocar por aquí los tendreis que ver sentados en el suelo de la sacristía de la Catedral de Barcelona o algo así, jamás tomando una cervecita fresca en la barra del bar mientras os fumais un Lucky. Eso que lo tengais claro