Teclados, rollo cabaret y cierto aire francés (vale, en el sencillo Bon autonme 05 está más claro que el agua). Cuando suena el bandoneón, está claro que estamos ante un disco de alcoba, pero de una alcoba solitaria y que él mismo ha elegido (pintado, que también es diseñador gráfico): tranquila, ordenada, y, sobre todo, muy norteamericana. Moya insiste en citar en cada entrevista la influencia de Ryan Adams, y no hace falta que lo haga porque está muy explícita en el disco. Después de sus múltiples experiencias anteriores (élena, Refree, Romodance), el actor secundario da un paso adelante y se atreve a reflejar su universo personal. Compuesto al amparo de una guitarra acústica, son esas seis suaves cuerdas el esqueleto de un material enraizado en el folk, pero que se abre a sonidos, digamos, más mediterráneos.
La nueva era glaciar tiende puentes, tanto en el sonido como en las letras. De la americana reposada al pop de habitación patentado por Calamaro; de la táctica del inadaptado a la ensoñación de los momentos cálidos. Del oficio de quien solía completar canciones ajenas al atrevimiento de alguien que ahora necesita ponerse al frente y decir lo suyo.
Los habrá también quienes tachen de triste este estreno en solitario de quien normalmente ha estado siempre en un segundo plano. Creo que se equivocan: la belleza de sus canciones es mística pero esperanzada. Los arreglos de cuerda (queda saber hasta qué punto ha influido Ricky Falkner) son más de abrir las ventanas que de cerrar los ojos. Y hay sentido del humor en algunos textos, sobre todo en Rían con sentido, declaración de intenciones, quizá la canción más importante del disco.
Me quedo con Nana folk en Fa mayor, donde los músicos dieron con el tempo exacto para esa melodía; también con Té end, aunque todavía no entienda su letra. Juan sin miedo visita lugares comunes del pop español de los ochenta; al escucharla, no me pareció nada lejos de El Tonto Simón. Pensé: estos dos, Juan y Simón, deben ser familia, o, al menos, vivieron en el mismo pueblo. Y, sobre todo, con La canción del joven jugador, perfecto final para un disco en el que, visto lo visto, había que terminar en los bares para no acabar demasiado afectado. Una de las mejores canciones nacionales de lo que va de año, con una melodía vocal tan simple como eterna. Sólo por la primera y la última de las que nombro, merece un sitio privilegiado en la estantería.
Cuando termine de depurar su ejecución como cantante, RaülMoya aparecerá con una segunda entrega, mejor que ésta pero fiel a la misma. De momento, nos deja con El boleraso de Simón, homenaje a su padre. Qué gran corazón maduro.




Lunes, 7 de Mayo, 2007
13:02
Simply A.
Esta si que no me la esperaba!
Para que luego digan que somos “xenófobos”!
Martes, 8 de Mayo, 2007
2:56
atmtc!
no no, esto es lo que pasa cuando te das cuenta de que al cargar la página arriba pone: absolutzine.Fanzine INDIE &punk online. Joder basta ya de abrirse tanto, no?
Martes, 8 de Mayo, 2007
3:51
Simply A.
que dius? fistro-sectari-integrista-cobarde!!!!! jajajajajajaja
de fet, em van dir que la festival de houston party va triomfar els tikis i la gent es va avorrir una mica amb el altres (entre ells RM and the trio)