El otro día entré en mi videoclub…Si, ¿Qué pasa? No tengo e-Mule y mi videoclub está super-bien surtido, tiene desde pelis de Godard (que no me gusta, pero las tiene), de Jarmusch, de Truffaut, de Orson Welles, de Monty Python… y Hitchcocks, y Scorseses y Kubricks. Es un videoclub cojonudo… Pues bueno, entré en el videoclub y vi una caratula con una mano cerrada que levantaba su dedo corazón en actitud amenazante. “¡Ostras, el documental del don Letts!”. Mi videoclub local siempre me da buenas sorpresas.

Y está muy bien este enésimo documental sobre el punk del señor Don Letts. Para los despistados, Letts fue el DJ de la mítica sala Roxy donde tocaban todos los punks ingleses en el 76. Como ninguna de las bandas había sacado un disco aún, Letts amenizaba las noches pinchando dub y reggae, lo que sería la banda sonora del punk hasta que todo se fuera a la mierda un año más tarde. También formó parte de Big Audio Dynamite, banda que formó con el ex–Clash Mick Jones. Aparte de eso, ha ganado cierta fama como director de cine y, junto con sus videoclips para los Clash o P.I.L., sus trabajos más famosos son el documental sobre la historia de los Clash Westway to the world, ganador de un Grammy y este Punk: Attitude, que, que yo sepa, no ha ganado ninguno pero que quizás debería hacerlo.

La idea original detrás de este documental es que el punk en su acepción más abierta y extensa, es una filosofía y una actitud ante la vida más que en un estilo cerrado de música acotado y con dogmas incuestionables. Para corroborar la teoría de Letts desfilan por el documental un elenco de personajes (si exceptuamos a simios como Ray Cappo o Roger Miret) muy bien escogido y con ideas a expresar muy inteligentes y que nos hacen pensar. Podemos encontrar desde a John Sinclair, pasando por Wayne Kramer, Steve Jones, Jim Jarmusch, David Johansen, Chrissie Hynde, Siouxsie, Dave Goodman, Jello Biafra, el alucinado Keith Morris, Henry Rollins y algunos más.

El documental, sin ser tan definitivo como otros de su estilo como The Filth and the Fury, nos adentra en una travesía por esta radical manera de pensar, una filosofía que podemos rastrear desde sus orígenes en el rock&roll, desde Jerry Lee Lewis o Chuck Berry (aunque como actitud contestataria se puedan rastrear sus antepasados hasta muchísimo más atrás, léase Rastros de Carmín) pasando por los años 60 con los Sonics o Count V, pasando por los MC5 y Stooges siguiendo por Ramones, Pistols, Clash o Subway Sect, continuando por Black, Flag, Minor Threat y Agnostic Front (que en italiano pronunciaremos “Añostic Fronta”) y acabando por Nirvana, Fugazi y toda la panda.

Hay una frase acuñada por el filósofo armenio-americano William Saroyan que dice que aquellos que no aprendan las lecciones de la historia están condenados a repetir sus errores. Pienso que este documental tiene mucho de esto. En Londres en el ‘76, después de que los Pistols aparecieran en el programa de Bill Grundy y en todos los tabloides, surgieron tios con imperdibles y vestidos con bolsas de basura de debajo de las piedras. Como bien dice Rollins, si hay cultura, hay contracultura, siempre la habrá. El peligro es que el negocio y la cultura seria se adueñen de la contra-cultura, entonces es el momento de que otra contra-cultura totalmente diferente coja el relevo. Es lo que pasó con los punks respecto a los hippies, o con el hardcore y el post-punk respecto al punk.

No se si la lección os será válida, pero creo que si algo se desprende de este documental (cosa que no por más sabida es menos cierta) es que lo último deseable en el underground, la contracultura o las pequeñas escenas independientes es que el capital, los modernuquis, los cool hunters y las marcas de bambas y mochilas se adueñen de nuestras cosas. Cuando esto sucede ya podemos ir despidiéndonos. O empezar a ir a desfiles de David Delfín.