Aunque este disco, de buenas a primeras me parecía que iba a ser más fácil de digerir que el de Michel Cashmore, al final no ha resultado así. Lo comparo con Michel Cashmore (comentado en esta misma web) porque ambos, tanto él como Pantaleimon, seudónimo bajo el que se oculta Andria Degens, son colaboradores habituales de Current 93, esos neo-folkies de tendencia gótica-industrial. Digo que parecía que iba a ser más digerible porque Pantaleimon se basa más en un sonido minimalista de guitarra a la Durutti Column (de hecho puedes escuchar claramente el ir y venir de las yemas de los dedos en el mastil) mientras que Michel Cashmore es un rollo de cámara, como neo-clásico, con piano y violonchelo. E igual soy un cenutrio pero a mi me gusta más una guitarra que un piano.

Pues eso, en los tres primeros temas (todos instrumentales, muy calmados y de simples melodías) es un no parar de punteos de guitarra, con notas muy espaciadas entre ellas y silencios que te encogen el corazón, un sonido como de virtuoso tocando por tres perras en las calles del Gótico, con ese eco antiguo, espectral y anciano. Hasta ahí vale. En el cuarto y último tema ( ¿o debería decir mantra?) ya hay voz. Y efectos y zumbidos como de instrumento oriental, a lo sitar o tampura, con un final como de meditación OM. Si hombre, ya sabeis… ommmmm, ommmmm. Y yo con eso no puedo, llamadme impío o pagano, pero a mi con misticismos no.