Si algo me han enseñado todos estos años de escuchar música como un condenado es que no siempre tienes la oportunidad de descubrir a un grupo en su etapa ideal. Por ideal me refiero a la que más se acomode a tus gustos, claro está. En mi caso a Of Montreal los he descubierto en una mala etapa, para mí y para ellos (para mí, porque ya no estoy para escuchar depende de que cosas y para ellos, porque dudo que nunca me compre un disco suyo o vaya a verlos).
Quizás me habrían encantado si los hubiera descubriendo paseando por París con ellos pasándoselo bomba haciendo esto mientras yo me tomaba un Ricard en Les Champs Elyseés. O quizás me hubieran gustado un montón en la época en la que se les metía en el saco del colectivo-sello discográfico Elephant 6, que nos ha dado a grupos como The Olivia Tremor Control, Neutral Milk Hotel, The Apples in Stereo, The Essex Green o Ladybug Transistor (todos ellos con un amor compartido, el sunshine-pop de los 60).
En cambio, malditas sean mis muelas, los he tenido que descubrir con Hissing fauna, are you the destroyer?, su último y robótico disco, el tercero desde que Kevin Barnes (su indiscutible líder) diera un golpe de estado indie y acabara de un plumazo con tantos años de cabaretismo, twee y pop sesentero, y en su lugar se metiera en las fangosas aguas del synth-pop. Hissing fauna… tiene poquísimo de Beach Boys o los Turtles y mucho más de los Pulp del Common people. Sí, eso es a lo que suena. Y a M.O.R., a soft-pop de radiofórmula y a musica negra descafeinada y desustanciada, ya que, como en el caso de sus compañeros de sello Architecture in Helsinki, Of Montreal han cogido lo peor de lo peor de los años 80 (¿Será una moda? ¡Horror!).
Como antes de rajar me informo, he leído por ahí que este disco de Of Montreal ha sido la manera de Kevin Barnes de exorcisar sus malos espíritus, de enfrentarse a un año terrible en lo que a vida privada se refiere. No hace falta que me lo juren. Barnes admite esto y también haberse reinventado a él mismo (por medio de sus múltiples alter-egos) y a su grupo, convirtiéndose en una (palabras textuales) “funk band”. Desde aquí sólo puedo decirle que le ha salido mal. Tanto si se refería a la palabra “funk” como estilo musical o como al olor que se desprende al follar (uno de los significados originales del término). Esto no suena a música negra ni por asomo y de follar nanai de la china, que este disco deja la líbido a ras de suelo con tanto ruidito de videojuego.
Nota de Uri a Kevin: “Querido Kevin, en serio, me sabe mal que te hayan dejado y todo eso, y que tu vida este año haya sido una caca, no le deseo ningún mal a nadie que sea fan del funk y de los Zombies, pero nosotros no tenemos la culpa”.
En fin, que esto es lo que hay. Pero… ya lo veo, mi bola de cristal me lo dice, seguro que después de todo este rollo todavía queda allá fuera algún miembro del consorcio twee anti-rock que lee esto y cree que incluso así hay alguna posibilidad de que esto sea disfrutable y que a mí no me gusta porque yo soy un roquero. Que no se equivoque. A mi me gusta Nilsson, Cat Stevens, Simon and Garfunkel… ¡si hasta me gusta el Rumours de Fletwood Mac, demonios! Pero esto no es como Bart Davenport, que en Maroon Cocoon mezcló lo mejorcito del folk, con el pop de toda la vida y el M.O.R. para crear un disco cojonudo que se cuenta entre lo mejorcito de mi discoteca. No, hijos, no. Of Montreal son unos pelmas. Y además torturados.
Al final lo que pasa es que como dicen los ingleses “Either you have it or not”, o lo tienes o no lo tienes (la gracia, la chispa, el talento, ese je ne sais quoi…).
- Banda
- Of Montreal
- Sello
- Polyvinyl Records
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