Cuando leo que una banda lleva más de 20 años tocando y que han editado unos 25 discos, lo más normal es que me ponga en plan nazi y desee con todas mis fuerzas que se mueran y, sobre todo, que dejen de hacer música. Debería existir una ley que prohibiera que un artista o grupo editara veinticinco putos discos. Las dos excepciones a esta regla serían John Zorn y los putos Melvins.

Los Melvins son guays. La banda sonora de los weirdos de América y del mundo, de aquellos inadaptados del instituto que escuchaban rock duro, leían comics y básicamente odiaban.

No sé si os habrá pasado a vosotros: vas a comprar discos sin una idea fija y vas mirando cubetas y portadas -mira que hay discos- con la pretensión de encontrar algo que te haga dar el paso, aflojar la mosca, pasar por caja. Cuando no encuentras nada que te interese yo habitualmente hago dos cosas:

a) compro un disco de Tom Waits. Tiene muchos y no hay ningún disco de Tom Waits que no valga lo que te piden por él (mierda, ahora que lo pienso: ha publicado más de veinticinco discos?)

b) compro un disco de los Melvins. Me da absolutamente lo mismo que sea de la última época en Ipecac, que sea una apestosa e innecesaria reedición de las maquetas de no sé qué disco, que sea de cuando estaban en Atlantic, que sea a medias con Jello Biafra o con Fantomas. Me da igual: tú dame discos de los Melvins.

“Desnudo Con Botas” es, sorpresa, otra obra maestra en la carrera de un grupo que hace muuuucho tiempo se fue a por el legado de Led Zeppelin y Black Sabbath, lo pilló por la entrepierna y le hundió la cara en el barro. Algún tiempo después, en los años noventa, algún idiota decidió llamarlo grunge. A quien le importa. A quien cojones le importa que los Melvins lleven 25 años tocando. Lo realmente importante es “Nude With Boots”, el último trabajo hasta la fecha de los Melvins que contiene todos y cada uno de los elementos que hacen de ellos una banda entrañable y carismática:

-Toneladas de riffs de guitarra aparentemente sencillos.
-Episodios ruidosos alienantes francamente molestos y tocapelotas.
-Trallazos Rock, blues ralentizados y, en general, una manera de componer capaz de hacer que las canciones suenen directas y jodidas y extrañas.
-Grandes títulos de canciones (“Suicide In Progress”, “The Smiling Cobra”, “It Tastes Better Than The Truth”).
-La característica voz de King Buzzo, capaz de sonar graciosa y diabólica al mismo tiempo.
-La excelente e infravalorada manera de tocar la batería de Dale Crover.
-Sutiles referencias a grandes capítulos de la cultura popular de masas (en este caso la melodía introductoria de “The Shining”) que crean una innegable conexión con la audiencia.

Todo ello aliñado con ese algo que no se puede determinar y que es lo que diferencia lo que es guay de lo que no lo es. El hecho de que encontremos a Jarred Warren y a Coady Willis (los dos máquinas que componen Big Business) en la formación actual de los Melvins ayuda a que sean más guays todavía.