El hermanito raro de Secretly Canadian (reverencia), nada más y nada menos que Jagjawugar (reverencia reverencia), edita el debut de Ladyhawk, a la par, una escisión de Black Mountain, otrora grupo muy recomendable. Para los iniciados: Secretly Canadian lleva una camisa visible desde el pico de su jersey y lleva el pelo repeinado, el cual hace un gran contraste con su pulcro afeitado. Jagjawugar es el de los pantalones mohosos, la barba de tres semanas y el pelo enredado y sucio.

En “Ladyhawk” co-habitan los fantasmas de Husker Dü, el pop de New Pornographers (”My Old Jacknife”), la experimentación groove de “Long ‘Til The Morning” y un sinfín de estilos que tratados con habilidad tal y como aquí lo hacen, no llevan a la parodia ni al tedio común en este tipo de “experimentos”, más o menos lo que a mí entender es el “Sirs” de Welcome, bástagos del sello inglés Fat Cat.

¿Quieres folk? Toma folk, ¿quieres indie-rock? Toma indie-rock, ¿quieres hits instantáneos? Aquí no los busques. “Ladyhawk” es uno de esos discos que cala con las escuchas, como ese tipo de lluvias finas que vas andando y andando y andando y te dices: Coño, genial, no me mojo, no llueve nada, voy a ir andando que está aquí al lado. Y no está tan “al lado”, y llegas a tu cita pertinente, con la chica de tus sueños, y la pinta de gilipollas que llevas es increíble porque te has calado sin darte cuenta. Pues eso mismo. Lento y hacia arriba, como debe ser.

Si no quieren escuchar este disco no lo hagan, no va a cambiar nada lo que yo escriba aquí. En esto de los artículos sobre música juega un papel importante la soledad del “¿alguien me leerá y decidirá escuchar un disco porqué yo lo digo? Es tarde, y ya desvarío, y si no quieren escuchar a Ladyhawk, al menos entren en la web del sello y echen un vistazo. Grandes cosas al alcanze de su mano. Palabra.