Muy de vez en cuando, un concierto puede traspasar la línea que separa un “buen concierto” de la de un “concierto memorable”. Es difícil determinar qué ingredientes son necesarios para que podamos hablar de un concierto memorable y no de un buen concierto. La mayoría de las veces no depende tan sólo del grupo; depende más de tus propias circunstancias personales: qué comiste aquel día, si habías dormido bien o no, si tenías dinero para llegar a fin de mes… Mil cosas. No recuerdo qué es lo que comí aquel día, pero JR Ewing traspasaron esa frontera durante el show que ofrecieron hace ya unos años en el Añorado Festival de Sant Feliu de Guixols. Bueno, no es que traspasaran la frontera, sino que la aplastaron como haría un mamut noruego con bigote.

Fue en el Añorado Festival de San Feliu de Guixols donde tuve el placer de presenciar la mayoría de esos raros avistamientos, los “conciertos memorables”. Conciertos que marcan un antes y un después en tu percepción del grupo. En mi caso, esos fueron los que hicieron allí E150, Omega Cinco, No More Lies y JR Ewing. Si estuvisteis en cualquiera de ellos recordareis con una sonrisa aquellos mágicos momentos, en los que la música se transforma en algo, ejem, trascendental. Yo creo que cuando la gente negra que va a las misas Gospel aquellas en las que todo el mundo salta, baila, suda, da palmas y canta y que tanta envidia dan, siente algo parecido a lo que sintimos nosotros allí. Sólo que es algo que ellos experimentan cada domingo y nosotros, con suerte, dos veces al año.

JR Ewing ofrecieron un recital que entra de lleno en la categoría de “memorable”. Dieron todo lo que llevaban dentro, nos volaron la puta cabeza y después se fueron con sus mostachos y sus mamut a Oslo. El público de Sanfa ayudó lo suyo, vale, pero no me digáis que JR Ewing no fueron el mejor grupo del mundo aquella noche.

Por si alguien no conoce al grupo, os diré que todo lo que necesitáis saber es que “Ride Paranoia” es el disco de JR Ewing que hay que tener. Cualquier aficionado al rock de guitarras (las etiquetas, cuanto más generales, mejor) que tenga discos de bandas quizá más populares como At The Drive In o Refused o menos populares como Drive Like Jehu o Hot Snakes (en pie!) debe tener este disco en su colección. “Ride Paranoia” es un jodido tornado, y eso, amigos, es bueno porque vosotros leeis el Absolut y se supone que no teneis discos de La Buena Vida, o sea que sois cazadores de tornados como yo. Trece canciones que en el tiempo en que dices “ajandemor” ya se han acabado. No hay ninguna especialmente tremenda ni floja, que es algo que ya cuesta bastante de encontrar por ahí.

Al igual que en los discos de -pongamos por caso- Zeke, aquí mucha variedad no vais a encontrar, para qué nos vamos a engañar: rodillo tornadero vuelacabezas, eso es lo que encontrareis, y en abundancia. Quién en su sano juicio querría que Zeke o JR Ewing hicieran canciones diferentes, variadas y/o ricas instrumentalmente? A la mierda! Dame mamut! Dame rodillo!

Una de las razones por las cuales GSL se ha convertido en uno de los sellos más respetados del planeta es que publicaron este disco hace unos años, por lo que no creo que me equivoque si afirmo que este disco es lo que se dice un puto e indiscutible clásico que ha influido en miles de grupos en todo Occidente.