El bajo en la música blanca (en otras palabras, el “rock”) siempre ha sido bastante denostado, ¡incluso hay bandas que se atreven a tocar sin bajo! En cambio, en la música negra (jazz, dub, funk, lo que querais) no sólo se le tiene más respeto sino que a menudo se lo ha reconocido como “el instrumento más importante”. En el rock, maldito sea el rock, parece ser que el ritmo no importe tanto como la pirotecnia, el ruidazo más fuerte que Diós, el citius, altius, fortius aplicado a la música popular de masas… Lo importante no es que la gente escuche tranquilamente, mueva el culo o se sienta bien sin más, lo esencial es que todo sea muy macho y que se puedan hacer gestos con el brazo bien estirado, ya sea en sus variables: a) cuernos, b) dedo señalador (con la sub-variable de uno o dos brazos estirados a la vez), c) puño cerrado y d) varios (p. ej. los cuatro dedos estirados y pulgar contraído del institucional rock català).

Quizás es por eso que el primer disco de Joe Lally (bajista de Fugazi hasta que se demuestre lo contrario) There to here cayó como un jarro de agua fría en los ambientes más rockeros y rockistas del mundo hardcore e indie. Supongo que era imposible que un señor como Joe Lally se atreviera a sacar un disco de básicamente riffs de bajo –algo que sólo se había atrevido a hacer el grupo de Mike Watt y Kira Roessler DOS– sin que se le lanzaran todos los rockeros a la yugular. ¿Por qué será?

Será porque en lo poco que se parece Joe Lally a Fugazi (un grupo que desgraciadamente ha acabado gustando a todos los rockeros de pro) es en la parte rítmica, instrumental y experimental. Os hablo de esos temas más ambientales de Red Medicine o End Hits en los que, precisamente, Joe Lally empezó a meter cucharada en aspectos que iban más allá del tópico rol de bajista en la sombra. El objetivo ya no eran los monumentales y épicos riffs de bajo de la era “Waiting room” que hacían de cojín a los estribillos-himnos coreados con un fervor cercano al del Gol Sud de algunos estadios ingleses. En los dos últimos discos Lally ya cantaba en alguno de los temas más tranquilos, como por ejemplo en mi absoluta favorita de Fugazi “Recap modotti”.

Joe Lally en solitario tiene más que ver con ese aspecto de Fugazi. Sus riffs de bajo son la base sobre la que ir montando los esquemáticos y minimalistas temas, hechos de pequeños trocitos que se ensamblan y que se envuelven de la frágil pero melódica voz de Lally. Estos pedazos están formados por colaboraciones de amigos, las cuales son más importantes de lo que parecen. De hecho en la web de Dischord pone que los discos de Joe Lally no son trabajos en solitario propiamente dichos, sino discos en los que sus colegas músicos meten colaboraciones usando sus líneas de bajo como anclaje. Si el anterior disco contaba con la colaboración de gente de bandas como Hot Snakes o French Toast, en este último, por su parte, se apuntan al carro los siguientes personajes: Ben Azzara de los Capitol City Dusters, Andy Gale de Haram, Sam Krulewitch y Ricardo Lagomasino de Capillary Action o Devin Ocampo de Medications, eso por no hablar de Ian McKaye y Guy Piccioto de Fugazi o Eddie Janney de Rites of Spring que repiten cameo en ambos trabajos.

Pero yendo al meollo del asunto, ¿que encontraremos en Nothing is underrated? Pues lo mismo (o muy parecido) que en There to here. O sea, un ejercicio de composición de canciones austero y sin florituras. Casi puedo imaginarlo: cuatro o cinco amigos, veteranos de escena punk de DC, en el comedor de casa de Joe Lally, con tés humeantes en la mano y sentados en la alfombra imitación de cachemira que compraron en una Thrift Store de Bethesda hace 12 años, con agujeros de polilla pero que aún se conserva con bastante dignidad.

Intentando acercarse a la música de una manera más tranquila y más propia de su edad. Vamos a probar esto, vamos a probar lo otro… Puede que algunas les queden más redondas (“Tonight at ten”, “Skin and bone”), otras no tanto y que en algunas incluso mezclen el ruidismo de Sonic Youth con el punk de DC como en “Scavenger’s garden”. Quizás en la tele (con el sonido apagado) estén reponiendo Starsky & Hutch y que eso se filtre en canciones como “Painfully aware”, que empieza con un arranque funk de serie policíaca de los 70, pero por lo demás el resto de cosas que surgen son como deconstrucciones (¡que palabra tan horrible!) de canciones de Fugazi. Riffs de bajo en la cabeza de Lally que hubieran acabado en el próximo disco de su banda madre y que, por cosas del destino, han acabado aquí, despojadas de cualquier sombra de hardcore o ruido. No hay más (ni menos).