Decíamos ayer, en la crítica de Owen, que Joan of Arc me hacen albergar sentimientos contradictorios. Que a veces me parecen un grupo original que se esfuerza por hacer cosas nuevas y diferentes y otras me parecen una soberana tomadura de pelo. Maticémoslo.
Joan of Arc es el proyecto de indie-pop-experimental de Tim Kinsella, el que desafinaba y hacía gallos como un descosido en Cap’n Jazz y, bueno, el tío ha sacado como doscientos discos o sea que habrá alguien allá fuera a quien le encanten pero a mi me dejan un poco frío.
Será porque soy un antiguo y me gusta la estructura tradicional de canción, de dos o tres minutos, con un estribillo pegadizo y subidones emocionantes, y pienso que aunque el pop no sea lo que nos hará libres si que tiene la capacidad de poner un poco de felicidad en nuestras vidas de mierda.
En Boo human, su último disco, Joan of Arc no han cambiado mucho respecto a sus múltiples discos anteriores. Ahí están esas curiosas canciones acústicas, la temblorosa y delicada voz del Kinsella mayor y esos ruiditos electrónicos marca de la casa.
Como a mi me gusta el pop, aprecio más a Joan of Arc cuando les sale alguna especie de hit, como a “Tell-tale penis” (que es Owen meets Suzanne Vega) y no les puedo soportar cuando se esfuerzan en ser raritos en “Insects don’t eat bananas” o ruidistas como en “Everywhere I go” o “Lying and cheating mind”.
En fin, que podría comprarme un single con “Tell-tale penis” en la cara A y nada en la cara B, pero no espereis que vaya a verlos y que me den la brasa.
Para los fans: en Boo human colaboran 14 músicos que han trabajado con Wilco, Iron and Wine, Bonnie Prince Billy, Beth Orton y Prefuse 73, pero eso ya lo podíais ver en su página web. Menuda mierda de crítica me ha salido.