Sabot Productions es un minúsculo sello de Gainesville, Florida, que junto al ya veterano No Idea records, ha convertido esa pequeña localidad en un referente mundial para la nueva hornada del punk estadounidense.
Si en los ochenta Reagan fue el blanco y el motor de una época gloriosa para el punk, actualmente, bajo el apocalíptico liderazgo de G.W. Bush, la cosa ha vuelto a resurgir. Y es que cuando hay ganas de luchar nada mejor que saber quien es el enemigo.

De todos modos, a pesar de que están surgiendo grandes bandas con un sonido punk viejuno, como Clorox Girls o The Brieffs, lo que convierte este hervidero de nuevos grupos en algo más que otro de los cientos de revivals anuales es la aparición de algo que podríamos llamar punk sureño o Folk punk . En este sentido podríamos decir que Gainesville es el centro del mundo, pues entre los dos sellos de la ciudad han editado bandas como Lucero, This Bike is a Pipe Bomb, Against Me!, The Gaslight Anthem, Fake Problems, Whiskey & Co. o las andaduras en solitario del señor Chuck Ragan entre otros. Últimamente incluso los sellos históricos del hardcore/punk se estan apuntado al carro, poniendo como ejemplo el fichaje de los estupendos Filthy Thieving Bastards por parte de BYO records.

Pero hablemos de este disco, que es sin duda un fantástico referente de esta nueva ola de FolkPunk.
Imaginad el típico bar de Western, con su pianola, el espejo detrás de la barra, gente jugando a cartas, vasos llenos de Bourbon y un prostíbulo en el piso de arriba. Pues en la primera cara del disco los Fake Problems estan tocando allí, encima del escenario de madera, desbancando a las bailarinas de can-can con sus melodías tristes y haciendo que los cowboys veteranos miren fijamente los culos de sus vasos medio vacíos: sienten nostalgia de esa época en que ser forajido era algo respetable. Los del escenario ensucian los estribillos con ruidos ondulantes, no quieren parecer excesivamente facilones, y no lo son. En la tercera mesa alguien comenta que le recuerdan a 16 Horsepower, su rival de póker saca una Smith & Wesson y le obliga a retirarlo “como mucho a Two Gallants o Bright Eyes” dice, vuelve a guardar el revólver y sigue la partida. Yo estoy sentado en la barra, no opino en voz alta, por ahora me gustan, pero prefiero el whisky.

Cuando empiezan a tocar la segunda cara más de uno está lo bastante ebrio como para bailar sobre la mesa, a mí se me olvida la idea de subir al piso de arriba. Ahora el griterío hace parar todas las partidas y la confusión pone a la gente de pié. En el oeste no hay hooligans pero los borrachos también tienen sus canciones, y están sonando, una tras otra. Sin saber como ni porqué se lía una tangana de mil demonios, pero borracho ni Pat Garret tiene puntería y los disparos dan al techo, aún así los puñetazos siempre encuentran una mandíbula. La cosa sigue unos diez minutos, hasta que todo el mundo está en el suelo, entonces viene ese instante de silencio que sucede a toda pelea y, como en la mítica escena de Junior Bonner, los primeros instantes de otra melodía nos hacen levantar emocionados, las magulladuras ya no tienen importancia, nos abrazamos espontáneamente y borrachos cantamos al unísono la última canción. Es así como, recordando aquellos tiempos en que Against Me! era un chaval de pueblo gritando himnos sobre su guitarra acústica, termina el disco.

Pero el alcohol causa estragos, y a menudo las cosas salen del revés. Por ello resulta que algún vaquero que se las daba de diseñador se confundió al poner el nombre de las caras en la galleta del vinilo, de modo que donde pone cara A suenan las canciones de la B y viceversa. De esto no me he dado cuenta hasta ahora, y resulta que ya me han jodido la película. De todos modos, y aunque invirtiendo el orden de las caras, el disco sigue dando vueltas sobre el plato, y yo estoy empezando a plantearme aprender a montar…