Un día un A&R se levantó tras escuchar el despertador; (Inciso: he usado el punto y coma. El escritor Kurt Vonnegut dijo que usar esta norma lingüística no sirve para nada, sólo la usan quienes han ido a la universidad. Curioso).
Era un nuevo día en la vida del A&R de GoldStandardLabs. Tenía que encontrar un nuevo grupo antes de 24 horas y aún no tenía a nadie. Decidió tomarse su tiempo para desayunar (café, una tostada con huevos y un vaso de zumo de naranja), y tras ducharse se vistió con su ropa de casi todos los días y enfiló hacia su coche, aparcado de malas maneras a la puerta de su casa.
Tras recorrer toda la ciudad, decidió conducir hacia las afueras. Por allí nunca se había acercado y tal vez hubiera suerte y encontrará a unos chavales rasgando unas guitarras y aporreando unas baterías. Quién sabe, cosas más raras se han visto.
El coche hacia traca-traca-traca-pa-pa-pa, y luego pa-cras-cras-cras-pa. La gasolina se le había acabado. No llevaba más líquido-de-vida-para-el-coche y estaba en medio de la nada. Alzo la vista, estaba oscureciendo, y se encontraba en un solar desértico de las afueras de aquella maldita ciudad. Pegó una patada a su, ya de por sí, abollado coche, se apoyó en él, y se encendió un cigarro. Era otra perspectiva. Tenía enfrente suyo el hospital psiquiátrico del condado. Escalofrío, escalofrío. Y el coche hacia pa-cris-cras-chu-cu-chu.
En esa situación, aunque no le hiciera mucha gracia, lo mejor era entrar y pedir ayuda. Subió por las escaleras grises y llamó a la puerta. No se escuchaba nada tras ella. Silencio. La empujó, entró, y divisó al fondo una mesa con papeles que se agitaban, posiblemente por el efecto de la corriente al abrir la puerta.
Había un chico japonés con un cepillo de pelo casi incrustado en la boca, éste le miró con los ojos encendidos. Quisiera o no, el A&R había entrado en su espacio:
A& R: Hola, ¿puedes ayudarme?
Tetsunori Tawaraya: No creo.
A&R: ¿Hay por aquí algún encargado que pueda ayudarme?
T.T: No creo.
A&R: Eres de pocas palabras, eh chico.
T.T: No, no es eso.
A&R: Ahhhh…
Les interrumpió un tipo que llegó con unas garrafas de leche y unos cirios (tal cual). Tal y como supo después se llamaba Aaron Wade. Parecía que tampoco iba a ayudarle mucho. Además, justo tras él, apareció un desquiciado más (perdón) con una tabla de planchar encaramado a sus dos brazos. Tal y como supo después se llamaba Nick Barnett.
A&R: ¿Ninguno me puede ayudar?
Aaron Wade: No somos de por aquí. Bueno sí, llevamos aquí unos cuantos años. Este psiquiátrico cerró hace un par de años. Y nos dejaron aquí.
A&R: Venga ya, no me creo que las autoridades, las que quiera Dios que sean os dejaran aquí.
Nick Barnett: Es cierto. Nosotros no eramos de los más problematicos de por aquí. A los otros se los llevaron al Hospital del pueblo de al lado. Nosotros entramos voluntariamente, así que no nos podían retener. Ni mucho menos trasladarnos a otro hospital si nosotros no queríamos.
T.T: Enloquecimos. Ahora ya nos da un poco igual. Nadie quería sacar nuestra música. Sólo querían a chicos emo o en su defecto a chicos guays. Y por ahí si que no pasamos.
A&R: Entiendo. ¿Y exactamente que coño de música hacéis?
T.T: Escuchala tú mismo.
A&R: Haremos una cosa. Venid conmigo. Iremos a por gasolina al sitio más cercano. Dejadme una cinta, o un CD, o algo de vuestro material. Y tal vez podamos llegar a un acuerdo.
N.B: ¿Pero tú exactamente quién coño eres?
A&R: (Con una sonrisa en la boca) El tipo que puede hacer que vuestra locura de aquí arriba (y se señaló la cabeza) se transforme en otro tipo de locura.
EPÍLOGO
El A&R murió en un accidente de coche (R.I.P.). Su coche se descontroló cuando los tres desquiciados se metieron en el coche con él, y al ver los instrumentos que había en el automóvil se pusieron a tocar desenfrenadamente. Tetsunori Tawaraya (copiloto) le golpeó con el mástil y el A&R perdió la conciencia, y el control del coche. Los tres chicos sobrevivieron y por suerte, antes de montarse en el coche habían firmado un contrato con GSL. Sacaron un disco en homenaje al A&R llamado “Night, Trrors, Shock!”, que definía muy bien todo lo que les había pasado aquel día en el que un extraño se metió en sus vidas.





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