No se muy bien que pensar de este grupo. A trozos me gustan bastante, especialmente los que recuerdan fuertemente a Braid, supongo que por las melodías y por la voz, que son del palo. Por poner dos ejemplos: “Oh no”es su versión lenta, con voz que desafina (queriendo) y grita a ratos, pero bien, con melodía bonita y pegadiza. “Sweet talk” es su versión nerviosa y pegajosa como el Loctite, con esos punteos frenéticos por debajo de la canción como si no fueran con ella.
En estos casos me gustan Dear and the Headlights (¡vaya nombre!), porque me gustaban mucho Braid. A ratos, sin embargo, en los trozos más azucarados (“Mother make me golden”, ¡vaya título!) se meten de lleno en esa tierra de nadie donde el emo o el indie más épico y emocionante se cruzan peligrosamente con el AOR más comercial y de radioformula.
Es lo que les pasaba a Jimmy Eat World o The Get Up Kids, que tenían canciones muy buenas y de golpe te metían un baladón de esos con piano en los que podían llegar a parecer una versión semi-decente de Coldplay o de Bon Jovi (lo juro!). En fin, un disco muy recomendable para los que no se hayan aburrido aun del emo épico este que tuvo sus momentos de gloria hace unos cuantos años y que ahora es tan sólo una excusa para vender esmalte negro de uñas y cinturones de tachuelas.
Para los demás, ya os digo, algunas de las coplillas os gustarán, ya que las melodías tienen su gracia, e incluso os marcareis algún paso de baile descoyuntado, pero en general la sensación general es de dejà vú, de ya haber escuchado todo esto miles de veces e incluso de haberse hartado hasta la nausea en su momento.





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