Edward L. Bernays, padre de esa disciplina llamada “Relaciones Públicas”, fue asesor personal de diversos presidentes norteamericanos así como de grandes empresas multinacionales, y está considerado el mayor teórico sobre la persuasión de la opinión pública (bonito eufemismo) gracias a su célebre obra “Cristalizando la opinión pública”.

Wikipedia a parte, y como ya habréis deducido de su afilado nombre, Bernays Propaganda es algo más que un grupo musical. Digamos que son una pequeña comunidad de solo cuatro personas que se dedica a… bien, de acuerdo, hacen música, pero del mismo modo que no diríamos que Nation Of Ulysses eran solo una banda no lo podemos decir de estos Eslovenos. Tienen ritmo, es verdad, un ritmo exquisito, de baile, postpunk entre Gang of Four y Les Savy Fav, algo de los últimos Fugazi y la herencia de Submission Hold. El disco se baila hasta sin querer, las canciones te agarran fuerte y no te abandonan hasta el amanecer, como un buen pedo. Pero esa es la parte externa, la que entra por el cuerpo…

La otra parte requiere horas, reflexión y valor para digerirla. “Ellos tienen algo que tu no tienes Max, tienen una filosia, y eso les hace peligrosos” decía la vieja vendedora de porno en Videodrome. Pues en eso estamos, Bernays Propaganda también tienen una, y se asemeja a la de un comando de peligrosos-anarquistas-criminales-del-pensamiento dispuestos a envenenar una sociedad robotizada. Las letras (cantadas en esloveno pero traducidas en el interior) no dicen, no cuentan ni disparan, sino que apuntan, sugieren, incitan y preguntan, consiguiendo que seas tu mismo el que se ponga a pensar. Unas letras que, de nuevo, son solo la superficie del artefacto que tenemos entre manos; literalmente: ocupan la sobrecubierta. Si abres el libreto te enfrentas a 28 paginazas que conforman un ensayo de filosofía política de primera línea. Éste arranca con el titulo “La razón como justificación de la violencia” y avanza desgranando la lógica binaria de la civilización, la falsa noción de progreso, el entretenimiento como sistema de control o la moral indirecta. Todo ello apoyándose o refutando a algunos de los más importantes pensadores de los últimos siglos, sin miedo a beneficiarse de totems como Kant, Feyerabend, Kropotkin o Schopenhauer.

Esto no es entretenimiento escapista, pero tampoco pose situacionista, no son cuatro eslóganes resultones y estética pop, esto va en serio.
Y aunque a algunos tanta seriedad les parecerá un hueso, resulta ser un disco delicioso que entra suave y agita caderas. Entendéis ahora porque al principio he recurrido a Nation of Ulises?