Me gusta pensar que todos los reseñadores (profesionales o amateurs –mi caso–) tendemos a hacer lo mismo cuando tenemos ante nosotros un disco para criticar de un grupo que jamás hemos escuchado antes. Hay que hacer un poco de Sherlock Holmes, aunque hoy en día, y con internet, todo sea aburridamente más fácil y solitario, y no haga falta perderse con nuestro querido Watson por unos páramos de quien-sabe-donde para encontrar al perro de los Baskerville. Entras en el maldito Myspace y compruebas como sonaba su anterior disco, luego googleas para leer su biografía, cuantos mastuerzos componen el grupo y que demonios hacían anteriormente (vaya, lo que solía venir en la hoja promocional en un pasado no tan lejano), luego te metes en Pitchforkmedia.com y miras a ver que nota les ha dado por poner a esos popes del underground (más que nada para reirte). Como muestra un botón: OK Computer de Radiohead un 10, Reflector de Antelope un 5,1. No digo más.
Con este inteligente sistema he descubierto que el anterior disco de Aloha, Some echoes, tenía un producción más elaborada con muchos y más variados instrumentos y capas que el que nos ocupa y que los gurús de Pitchfork le pusieron un 8.0 (Notable alto). Por las canciones que he escuchado, el ambientillo que se desprendía de él si cerrabas los ojos era como de peli de Wes Anderson, con el vibráfono y toda la hostia.
Es por eso que puedo decir que este Light works, su último mini-Lp (o mini-CD, o lo que sea, me refiero a que dura 28,4 minutos) es mucho más acústico que lo que hacían antes y que dicen dejar influenciarse por cosas tan dispares como Free Design, fIREHOSE, Augustus Pablo, la Mahavishnu Orchestra, Kate Bush, Michael Jackson o The Left Banke (estos últimos dos veces, buen síntoma), que Pitchfork los ha bajado de categoría y esta vez les ha caído un mísero Bien pelado (un 6,4) y que los cuatro miembros del grupo son de localidades tan distantes como Cleveland, Brooklyn, Rochester y Washington D.C.
Si no fuera por “la red”, me limitaría a decir que Aloha, ese grupo al que no conocía, son un grupo de indie acústico y meláncolico con talento para hacer canciones bonitas que gustará a los/as fans de Death Cab for Cutie y que, para los fetichistas de la escena de D.C., está grabado en (sí) Inner Ear Studios y mezclado en (of course) Silver Sonya.
Si yo fuera de Pitchfork (cosa poco probable debido a mi humildad innata y boina a rosca) le encasquetaba un 5’9, no sé vosotros.