Aa (pronúnciese Big A Little A) son cuatro chavales de Brooklyn que probablemente viven por la zona de Bedford o Williamsburg (conocidas por su actividad cultural anti-establishment y/o arty), que probablemente ensayan en uno de esos lofts industriales apestosos cercanos al rio, que fuman marihuana a cascoporro y que también beben lo suyo. Estos cuatro chavales tocan en un grupo (Aa, sí) y el día que decidieron repartir los instrumentos se habían fumado unos 75 gramos de ganja de excelente calidad: tres baterías y un teclado. En la contraportada del disco salen unos elefantes sentados en el suelo y en vez de patas de elefante parecen tener unas manos humanoides. Existe una pista de DVD que sirve de acompañamiento visual a las canciones de “gAame”.

A partir de los datos que os acabo de facilitar (nombre de la formación, procedencia geográfico-escenil, formación ganja-friendly, artwork y uso de audiovisuales), los más avispados lectores de Absolutzine ya deberían saber perfectamente a qué suena este fantabuloso disco que tiene una forma redonda pero que en realidad es un pepino. Por si alguien todavía no se ha hecho una idea, aquí van unas cuantas descripciones y/o analogías que con, más o menos gracia, intentarán describir lo que hacen estos pájaros:
Grupos como Liars o Animal Collective (a los que deberíais escuchar a toda costa si quereis seguir siendo considerados lectores avispados) sentaron las bases de un nuevo experimentalismo basado fundamentalmente en el uso del ritmo. Las voces pasan a ser algo secundario, (que es un signo estilístico que obliga a la audiencia a posicionarse de manera radical: o aceptas que se puede hacer buena música sudando de las voces o no). Bien, ésta es la corriente por la que se mueven Aa: experimentalismo tribal del bueno. Los chavales se lo montan lo suficientemente bien como para mantener el interés durante los 30 minutos que dura este “gAame” y la escucha acaba resultando realmente entretenida, algo que, por descontado, no se puede decir de la mayoría de grupos que practican el -ejem- experimentalismo tribal. Lo único que no me gusta de ellos son las voces que me recuerdan mogollón a Black Eyes, grupo con el que tenía el mismo problema (afortunadamente no tienen mucha presencia en el disco). Todas las canciones parecen fluir en una dirección concreta. Algunas de ellas son más bailongas, otras más contemplativas, pero todas ellas mantienen un nivel bastante alto. Seguiremos atentos.