Calma, una predisposición notable y un ambiente adecuado en el que escuchar con atención, es lo requerido para acercarse a este disco. No es un disco fast-food de los que priman estribillos pegadizos, riff bailables y voces adulteradas, de los que te alegran el día sólo escuchando un primer compás. Aquí vemos una variedad de matices reformulando un sonido que les lleva a estar en tierra de nadie.
Ellos dicen hacer “orchestral garage rock”, aunque parte de razón llevan, el término es más bien un conglomerado para intentar definir un sonido que intenta separarse de lo cotidiano. Tomando como punto de partida el post-rock deciden introducir un elemento para mejorar lo hecho hasta ahora: la orquestación de su sonido.
Algo que gente como Sigur Rós o Radiohead llevan hacia campos de desvaríos electrónicos, consiguiendo una música tranquila, y a su vez repleta de magia. En el caso de A Whisper in the Noise la cercanía a la banda de Thom Yorke con canciones como “A New Dawn” puede verse de forma notable, sólo que los de Minnesota prefieren evadirse en arreglos de cuerda y el uso de backing vocals antes que en samplers electrónicos.
Predomina el concepto de construir la melodía a partir de lo simple en apariencia, así el piano de West Thordson, alma del proyecto, está omnipotente en casi todas las canciones del disco sustituyendo a las guitarras que suelen tener la hegemonía en este tipo de género.
La frontera hacia un sitio concreto se rompe en casi todos los lados, “In Will” es el ejemplo de ello cuando los arreglos de cuerda y la voz de Thorsdon, rememoran la música tradicional árabe entre la neblina oscura del tema. A los hilos de la producción tenía que haber un genio para conseguir este sonido, Steve Albini es quien vuelve a ayudarles tras su primer LP Through the Ides of March (2003), para el cual sólo necesitó dos días en el estudio.
El sonido ha sido muy pulido en comparación con sus anteriores referencias, veíamos más experimentación en su carta de presentación, derivando aun sonido más claro en As The Bluebird Sings (2006) y con Dry Land se ha conseguido mezclar todo lo recorrido hasta el momento.
Nos encontramos con un inicio muy bueno, donde están las mejores canciones del disco. Cuando llega a “Armament” el resultado baja un poco, quizás por la escucha de lo anterior, o porque es un disco para escuchar en pequeñas dosis y no una tarde entera. Pero lo cierto es que la melodía de la mencionada parece escuchada con sus predecesoras, “Beauty’s Grace” intenta tirar demasiado de un mínimo piano sin éxito y “True Love Will Find You in the End” parece más bien una prueba que una canción al nivel de “As We Were” o “Awaken to Winter”.
Un trabajo para escuchar cuando, cansados por la repetición de determinados sonidos en el mercado, buscamos algo fresco. Despacio y tranquilo, quizás con el tiempo la calidad que lleva cada canción mejore su apreciación, mientras por ahora, mejor en pequeñas dosis.





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