Fanzine sobre Cultura y NAPALM
Una noche en el Heliogábulo, ese entrañable garito condenado a sonar siempre a culo, vi a un par de personajes con sendas parcas leyendo La Escuela Moderna.
El famoso cantante de cara alargada estiró el brazo y nos acercó dos fanzines con el título Smile.
Vaya, pensé, ¿neoístas en Ciudad Escaparate?
Uri y un servidor ojeamos con esa cara de “hmm… vaya, vaya”.
-Lo han dejado esos- Aclaró Artur con el dedo estirado. Seguí la línea imaginaria que salía del dedo y llevaba hasta allí donde se hallaban “esos”.
Les observé de nuevo, absortos en sus ejemplares de La Escuela Moderna.
Desde entonces no dejo de pensar en la sintonía entre ambos artefactos.
El hecho de llevar la contestación al plano del pop, del anonimato y, casi casi, de la gratuidad.
Si Smile nos lo regalasen ya sería todo perfecto.
Así que el otro día, (y ya que estoy dando nombres y haciendo lo que siempre digo que no se debe hacer -recurrir a la biografía de uno para reseñar-), se acercó Jordi –nuestro anfitrión- a mi domicilio y me dejó el último ejemplar de Smile para que redactase todo esto.
Se cierra el círculo. Un círculo poco claro.
Heliogábulo-La Escuela Moderna-Artur-Uri-Jordi-yo-Absolut.
Y bien… comencemos de una vez: Smile es un fanzine estupendo, qué voy a decirles.
Escriben con conocimiento de causa. Y no toman al lector por imbécil. Cuando hay que hablar de política, se habla de política, y si hay que saltarse la corrección, se salta y punto. Claro que sí. Y otra cosa vital, importantísima: no comen del platito de nadie. Proponen temas difíciles y los resuelven. Unos días tratan el yihadismo con un magnífico Pamfrey como guía y otro día nos hablan de la génesis del Ska en Barcelona.
En concreto, en el número que Jordi me dejó y que ha servido de excusa para introducirles a cualquier Smile –cualquier número es igual de bueno-, hacen un extraño recorrido que va de Fassbinder al tesoro de Moctezuma en los Pirineos. Sí, sí. Han leído bien. En los Pirineos.
Si viven ustedes por aquí, en esta ciudad repleta de turistas, erasmus, antidisturbios y otros agentes del terrorismo económico internacional, pueden acercarse al Garaje, en la calle Vallfogona de la Vila de Gràcia, y pillarse uno tan ricamente.
Luego se introducen en cualquier bareto (por favor, no elijan uno de luces tenues que sirva cócteles con granadina e infinidad de variedades de tés ¡no más sucursales del infierno!: ahí dentro no se puede leer ni eructar ni ser feliz de modo alguno) y hacen la prueba: se trincan una cerveza y lo leen de un tirón. Qué placer. ¿Verdad?
Otro punto: la maquetación hace que los artículos sean legibles sin necesidad de enviarle los textos a un CSI, que es lo que tengo ganas de hacer con la mayor parte de fanzines que aterrizan en mis manos:
-Rápido, Jake, pásale a estas dos páginas la prueba de la radiación fractal, quiero saber qué dice ese artículo sobre The Lurkers.
-No sé si podré, Charly, parece haber sido impreso con un ciclostil del siglo XVIII.
Y antes de decir chau pescau, les dejo con este link en el que se indexan contenidos y se listan todos los lugares en donde pueden hacerse con Smile.
Cultura y Napalm. Qué bello.






Miércoles, 6 de Junio, 2007
9:13
iván zamorano
¡Qué reseña tan linda, ché!¡Muchas gracias! Pero se olvidó de desir que también vendemos en Bcore…