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Todos recordamos cuál fue el primer disco especial que tuvimos, el que no parábamos de poner en el estéreo, el que grabábamos para oír en el walkman (sí, existió algo prehistórico antes del iPod) y del que nos sabíamos las letras si eran en español o nos las inventábamos como buena costumbre de estos parajes si eran en otros idiomas. A veces estos discos nos sonrojan para bien o para mal, puede ser el disco más hortera que hayas tenido nunca pero al ser tu primero siempre lo tienes un especial anhelo. Si por el contrario el disco no nos avergüenza a la hora de comentarlo con otras personas, será un tema recurrente, repetible hasta la saciedad, como algunas bases de temas electrónicos. Haremos bandera de que ese fue nuestro primer disco, de que uno no empezó escuchando cualquier cosa sino que ya sabía lo que se metía en la cabeza cuando por la nariz entraba la plastidecor por error. Las dos posturas son válidas, la primera no tendría que pasar pero es irremediable a veces ocultar que empezamos escuchando artistas más horteras que las lentejuelas de la Movida. Hay que sentirse orgullosos de haber escuchado esos discos en muchos casos, cuando recibías otros no volvías a escuchar los primeros y diferenciabas poco a poco la calidad mientras la plastidecor pasaba de estar en la nariz a desaparecer en la papelera. La segunda postura tiene el error de caer en la prepotencia inaguantable del “snob” de turno.

Además del disco inicial que cada uno recordará, el de un servidor es el Transformer de Lou Reed y Rabo de Nube de Silvio Rodríguez aparte de algún que otro innombrable de Ana Belén, todos tenemos después de nuestro recuerdo del primer disco escuchado, el primer disco que compramos, que nos dejaron, y ahora ya podría hablarse del primer disco que nos bajamos. Este disco puede también caer en la dicotomía anterior: vergüenza u orgullo. Hablo del primer disco con criterio a la hora de realizar la compra, ese que te pedías siempre que podías arañar algún regalo o ahorrabas semanas que parecían eternas hasta que ibas a la tienda a por él. Aquí el disco es encumbrado a un pedestal aunque en posteriores años veas muchos defectos en él, escuches mejor música, y te hayas percatado que no es un gran disco; para ti sí que será un buen disco con el que discutirás en eternas charlas (también estilo bucle, vuelven cada cierto tiempo) con tus amigos o desconocidos, los cuales atacarán para rebajar la calidad que tú crees ver en ese trabajo. Esta es mi parte favorita. Mi primer disco comprado fue el homónimo de Blur, sé que no es uno de los mejores discos de la historia, pero así lo defiendo. Singles como “Beetlebum” o “Song 2” (por no poner todas) son dos grandes canciones que no muchos hacen. Las discusiones en este punto son entretenidas si encuentras con alguien que tenga el mismo interés que tú por defender “su disco”. En este caso el rival ideal es un defensor a ultranza de Oasis. El pique entre ambos grupos da a los seguidores, que no fans, a ponerse en el papel y pasar largo rato hablando sobre cuál es el mejor, por argumentos que niegan por completo al contrario, ni siquiera se le reconoce, es un mero títere, una mera copia barata de tu grupo. Al final de estas discusiones, si ambas partes son sensatas en la mayoría de los casos se termina sin un final concreto. Ambas se acaban dando una parte de la razón, y se pasa a otro tema sin cerrar este, ya que dentro de equis tiempo volverá a aparecer, y se volverá a decir lo mismo.

Esto es lo apasionante que tiene la música, acordarse de determinados discos a través de recuerdos pasados, de seguir defendiendo “tu disco” a pesar del largo tiempo transcurrido, discusiones sin sentido que terminan siempre en risas (salvo acérrimos cerrados en sí mismos), con unas cañas, volviendo a pinchar ese disco o incluso el disco “contrario”, porque al final todos disfrutamos de la buena música. Y los seguidores de grupos como Blur, acabamos reconociendo que Oasis también nos gustan, e incluso que tenemos todos sus discos originales más los singles… pero eso sólo lo decimos al final, después de mucho tiempo…

Lo que iba a ser una columna breve hablando de los grupos principales – The Who, The Velvet Underground, Joy Division, los ya mencionados Blur y Los Planetas– de un servidor en diferentes épocas desde la perspectiva del coleccionista, ha acabado convirtiéndose en algo extenso sobre los primeros discos. Pero esto será para otro día ya… Ahora toca recordar “tu disco” y contar alguna anécdota sobre él.