carlospeque11.jpg

Cielos.
O mejor: demonios.

Después de escuchar a Jonathan Richman (“Jonathan, te vas a emocionar”), Appostle of Hustle (Ráfaga!) y, sobretodo, la canción que da título al disco de Devotchka “Curse your little Heart”, se ha ido asentando en mi alma un terror abisal: ¿y si el efecto de nuestro inglés en ellos fuese el mismo que produce en mí su castellano? Qué vergüenza. Culpa suficiente como para arder veinte siglos en la más cálida de las calderas de Lucifer. Pero creo que no, que nuestro inglés, aún parecido al cacofónico croar del sapo mediterráneo, conserva un mínimo de dignidad. Por lo menos, cuando uno revisa las letras de algún grupo de este lado del océano al que le ha dado por cantar en pitinglis, se ve que la sintaxis, aunque ajustadita, hace que P con A diga realmente PA.

Algo sobrio, sin florituras y, en consecuencia, sin cagadas de enjundia.

¿Recuerdan esa inagotable remesa de baratísimos mecheros chinos que se importaron durante años? Venían con instrucciones de seguridad adheridas al costado. Las mejores: “No lo pinchas el gas de mechero” o “mejor no arder delante niños”… Patafísica bonzo: cómo pinchar gases y arder frente a infantes.

Alguien debería avisar a estos artistas que no es suficiente con una trascripción fonética –en el caso que la hayan utilizado-. Puede que con Jonathan Richman, al que sabemos buena gente, nos de la risilla tras escuchar eso de “chicleee en el suelooou enganchadooouu - a mi sapatouuu”; y puede que con Nat King Cole (atendiendo a aquello de “tu pieeeel caneeila”, en blanco y negro, con ese estilazo, con esas portentosas chaquetas cruzadas…) podamos hacer la vista gorda. Pero la cosa, gracias a la multiculturalidad cateta propia de la ideología ciudadano-universalista que padecemos globalmente sin misericordia, parece propagarse de forma vírica. Y está dejando de tener gracia.

Voy a intentar resumir la magnitud de mi vergüenza ajena por medio de una traslación al papel de lo escuchado en la canción de Devotchka:

Huntar-una selin-daaa
Mi pequenioooo corasoo-ón
Coooon tuuuu
Pequenio cora-son!
Oeeee es verdiaad
Es verdiaad de la de hablar
Eres tu la emeli-naaaa… tuhuhu pequenio corassón!

Como ven, es penoso. No hay forma humana de huntar una selinda. Las selindas no existen. Tampoco se dice “verdiaad de la de hablar”. Es una construcción extrañísima. Y tonta. ¿Habrá “verdades de hablar” y “verdades de escuchar”? Escúchenme bien: una cosa es hacer pachanga, o gritar a lo dadá “es potrucas in dis ecris uh uh huy”, y otra muy diferente emplear mal el lenguaje para ponerse uno mismo en ridículo.

En el primero de los casos (supongo que habrá que incluir a Richman aquí, aunque yo me temo que sea simplemente un tarugo simpático), hay una intención marcada: broma, trasgresión o quiebra voluntaria de las reglas formales de la comunicación. Para lo que pueda servir, que es seguro algo. En el segundo, sólo hay ineptitud.

Además, existe una fácil solución: ¡¡¡por todo lo sagrado, canta en aquél idioma en el que tengas aptitudes para cantar!!! Yo, por ejemplo, nunca cantaré en mandarín. Ni que el mismísimo Hu Jin-Tao me pida un villancico para la televisión popular china. No lo haré porque no sé mandarín, y porque no deseo dejarme a mí mismo en evidencia ante mil millones de telespectadores.

Lo que oyen: “verdad de la de escribir”.