
De esta manera tan curiosa se promocionaba la edición de este año de MECAL, el Festival Internacional de Cortometrajes de Barcelona. Al fin y al cabo es lo que tiene ver cortos: si te aprieta la vejiga, en unos pocos minutos el cortometraje que se está proyectando acabará y cualquiera puede ir a liberar sus necesidades de micción al baño.
Celebrado del 9 al 18 de abril, el MECAL de este año ha proyectado un montón de films de más o menos duración divididos en varias secciones: Oblicua, Documental, Internacional y algunas secciones más específicas (Ovnis, Vampiros, Zombies, Escuelas de animación y de cine, etc.). Eso sí, la duodécima edición del MECAL no ha tenido unos ganadores tan claros como los del año pasado, por eso no elaboraré en esta columna ninguna clasificación ni nada por el estilo. En su lugar, comentaré los cortos que me más sorprendieron o simplemente algunas situaciones que me parecen dignas de mención.
- El ingenioso diálogo existencial entre dos jóvenes skaters en el corto de presentación del festival (al final ya me lo sabía de memoria después de tantas sesiones en las butacas de los cines Maldà);
- Esa fábula increíble de animación titulada “The cat piano”, como si de un cómic de Batman (bueno, de Catman mejor dicho) se tratara;
- El buen rollo interplanetario y multilingüe de “Greetings”, para mí una de las mejores propuestas del especial Ovnis;
- La impactante batería de imágenes en blanco y negro del corto mudo brasileño “Nocturnu”, posiblemente el mejor de la segunda sesión dedicada a los vampiros;
- El cameo de James Belushi en “Irving”, donde el famoso actor aparece caracterizado como un vampiro de tendencias homosexuales;
- Los títulos de crédito de “Paris by night of the living dead”, en los cuales se muestra un París gótico post-apocalíptico. Además, los efectos especiales de este corto permiten considerarlo un must del género de zombies;
- “Zombie american” y “El acomodador de zombies”: si no lo son ya, dos clásicos del género en los que el humor juega una baza fundamental;
- Ese guiño Hardcore de “Missing”: el protagonista pega un cartel sobre otro en el que se anuncia un festival donde tocan Sick of it all, Madball, Walls of Jericho, etc.;
- “Révolution”, tal vez el mejor del especial dedicado a Bélgica, porque demuestra que sin palabras se puede realizar un corto muy ingenioso sobre romper la rutina, salir del armario y las manías en general de las personas;
- La curiosa colección de bragas de sus amantes que guarda en un cajón el guaperas de “Souvenirs”;
- Esas bellísimas imágenes de cuerpos desnudos y aguas marinas de “Ona” (poesía del deseo materializada en imágenes), un buen corto facturado dentro de nuestras fronteras;
- El freak coleccionista de taladros (de otros) del corto inglés “Un poco a parte”;
- Los problemas, como el año pasado, con la proyección golfa del fin de semana que nos impidió disfrutar del visionado del especial “Vampiros 1”;
- Mi percepción que en prácticamente todos los films españoles aparece alguna escena erótica;
- Ese buen retrato del París de los años 60 facturado por el director Eric Rohmer;
- “Logorama” como un fantástico alegato antimarquista;
- El mal rollo que han desprendido la mayoría de los cortos italianos, así en general;
- La criatura anfibia, flexible y de instintos asesinos de “Becoming”;
- El buen nivel mostrado por los cortos de animación en general, pero especialmente por “Urs”, “Paseo de domingo” y “Fard”;
- La impagable colección de cortos (algunos de ellos de apenas unos segundos de duración) realizados e interpretados por Isabella Rossellini con el objetivo de ilustrar el comportamiento sexual de los animales (de ahí el título de la colección, “Green Porno”);
- Las caras de sorpresa de los viandantes que pasaban por la calle del Pi el domingo por la tarde al ver la cola que se montó a las puertas del cine Maldà poco antes de la sesión de proyección de los cortometrajes premiados este año (- ¿Eso qué es? - ¡Ah! ¡Pero si es un cine!… Fueron algunos de los comentarios que escuché);
- Mi disconformidad con algunos de los premios otorgados esta edición y creo que mi criterio coincidía con el de la mayoría del público asistente a la sesión de clausura del MECAL.
Pues eso, después de una semana viendo cortos a discreción hubo momentos en que pensaba que iba a sufrir un desprendimiento de retinas. Pero de eso se trataba, de ver la máxima cantidad de films posibles en búsqueda de esa imagen impactante o de esa idea remarcable. Espero que el año que viene la edición número 13 del MECAL siga la línea marcada durante estos últimos años y, por supuesto, poder estar en el patio de butacas para disfrutarla.





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