
Los que hayan visto Clerks recordarán lo que le sucedió a Walter, el sobrino de Randall. Hay deseos que no se pueden hacer realidad al momento. A menudo tenemos opiniones sobre las cosas que nos molestan, pero nos faltan agallas y valor para reaccionar. El resultado es que nos sentimos agredidos por la proliferación del aburrimiento, la institucionalización de las formas culturales –formas en las que habíamos participado y a las que nos habíamos sentido cercanos–, pero vacilamos en tomar medidas concretas pensando –como el sheriff Pat Garrett de Lincoln County– que quizás ha llegado la hora de adaptarse a los tiempos. Así que nos ponemos a trabajar de cheerleaders en la liga de la planificación, a corear le joie de viure con el maillot de nuestro festival preferido: “¡Los tiempos están cambiando, Billy!”. “¡Ya se sabe que no participar no cambia nada!” (sirva esto para las elecciones municipales o para los macroeventos culturales o los viajes organizados o las calçotades de Valls).
Escribí este artículo a propósito de la polémica surgida tras la columna 10 razones por las que no voy a ir al Primavera Sound (la columna donde Uri Amat expuso sus razones de esa forma silbable y pegadiza que caracteriza sus textos de la Escuela Moderna). Comprendí que la pobreza que rodea los eventos musicales de esta ciudad –algunos conciertos buenos entre una retahíla de artístas y bandas mitificadas cuya vida se prolonga artificialmente a merced, no de los amantes de la aerqueología, sino de los intereses económicos y de la propia dinámica de los festivales– no molesta demasiado a modernos y ávidos consumidores de cultura pop que llenan las salas de conciertos –no me enfrento con enemigos lejanos, sino con los que cerca de casa cooperan con ellos y les apoyan; yo mismo soy de los que piensan que ha pasado el tiempo de los forajidos, vagabundos y demás–. Como mucho, les obliga a reformular su criterio mediante un argumento con el que procurar trabajo y alimento a su mala conciencia.
Este artículo no es para aquellos, sin embargo, que se identifican con los dueños de estructuras económicas que separan la música de la vida real y que la convierten en un pasatiempo percibido como un medio de distracción y entretenimiento que nada tiene que ver ya con una forma de vida, sino con el ocio, ni es para aquellos que se sintieron ultrajados por las 10 razones que esgrimió un “bárbaro” que ya no se comporta como si nada de esto estuviera pasando y decide desplegar su energía de forma hilarante. No es para los que gritan: “¡Encerrad a los vagabundos, meted a los alborotadores en el más oscuro calabozo! ¡Quieren provocar descontento en el Estado y agitar los ánimos contra el orden establecido! ¡Lapidadles, lapidadles! ¡Quieren destruir el Primavera Sound con sus opiniones y sus rituales de magia negra! ¡Encended la hoguera!”. Tampoco es para los del termino medio –a quienes les resulta indiferente cómo se organiza el nuevo panorama cultural, si se hace con eficacia–. “Nuestro presente se basa en el relativismo de cualquier idea”, dicen. ¿Y cuál es el principio por el que “aman” a las empresas del ocio? No es el del arte inmerso en la colectividad. Tampoco es el de la independencia, pues incluso la palabra indie es ya una imagen de sí misma en los territorios de Chisum –el más importante de los ganaderos–, pero sí es el de la mediocridad, el bello término medio: un polo de rayas por aquí y un poco de desapego por allá. ¡Eso es! ¡Una posesión que me da categoria! ¡Que les den! Ellos forman el ejército constituido y la milicia de Chisum, los carceleros, la policía, los ayudantes del sheriff. Mi pasaje favorito de Pat Garrett & Billy the Kid es cuando el ayudante del sheriff Garrett empieza a despotricar sobre los absurdos ideales de Billy, y Pat (James Coburn montado en cólera y bourbon) le dice a su ayudante: “Le voy a decir esto una vez. No quiero repetirlo. Este país está envejeciendo y yo lo haré con él. Kid no piensa como yo. Quizá él es mejor por pensar así. Yo no juzgo. Pero no quiero que me cuente nada ni que me diga nada acerca de Billy ni de nadie en mi condado”. Cada vez que esto pasa, no me queda más remedio que llenar un vaso de whisky y bebérmelo de un solo trago. En la mayoría de los casos, estos defensores del nuevo orden no ejercitan con libertad ni la crítica ni la defensa, sino que se igualan al hierro, al acero y a las piedras de las horribles esculturas del Fòrum. Como dijo Thoreau, “incluso se podrían fabricar hombres de madera que hicieran el mismo servicio. Tales individuos no infunden mayor respeto que los hombres de paja o los terrones de arcilla”.
Si escribo todo esto es por tres motivos. Uno: porque me parece que NO PARTICIPAR sirve, sobre todo cuando tienes un espacio donde exponer tus motivos. Dos: por invitarles a hacerlo (“Por supuesto –dice Thoreau en Desobediencia civil–, no es un deber del hombre dedicarse a la erradicación del mal, por monstruoso que sea. Puede tener, como le es lícito, otros asuntos entre manos; pero sí es su deber, al menos, lavarse las manos de él. Y si no se va a preocupar más de él, que por lo menos en la práctica no le dé su apoyo”). Y tres: por proponer a los que ven que los conciertos de la ciudad han caído en manos de seres codiciosos que sólo esperan sacar beneficio y que la música es agredida y conquistada por unos señores que pretenden vivir de ella, que busquen salas donde las condiciones no sean inviables y monten conciertos –algo así como los conciertos del Heliogábal, pero con posibilidad de amplificar el sonido–. Yo me ofrezco para hacer las tortillas de los músicos. ¿Por qué? Pues porque no quiero partirme el cuello por culpa del aburrimiento. Últimamente he pensado demasiado en lo que hizo el sobrino de Randall y no me gustaría terminar como él. También porque me he dado cuenta de una cosa: resulta que aplaudimos a un grupo porque se niega a tocar en un festival bajo determinadas condiciones, pero acudimos con la cabeza baja a fichar en ese mismo evento, como si contáramos con un espacio para disentir pero no considerásemos la posibilidad de dejar de participar. Hoy preparar una tortilla de patatas se ha convertido en un acto de política radical. Estoy seguro de que a muchos no nos gustan estos actos institucionales –festivales, conciertos y eventos culturales organizados por los planificadores del aburrimiento–, pero de hecho no hacemos nada. Nos sentamos con las manos en los bolsillos y decimos que no sabemos si ir, no hacemos nada. Leemos en silencio la lista de los grupos y las fechas de los festivales, e incluso nos caemos dormidos sobre ambas. Para nosotros es el artículo. Hay otro pasaje muy conocido en Pat Garrett & Billy the Kid donde Billy le pregunta a Pat cómo se siente ahora que se ha convertido en el sheriff de Lincoln, y Pat le responde: “como si los tiempos hubieran cambiado”. “Los tiempos, tal vez. Yo no”, dice Billy.





Viernes, 29 de Junio, 2007
7:50
uriamat
Que casualidat, Yordi. Presisamente l’otro dia me pillé en el Mercat de Sant Antoni “El bandido adolescente”, de Ramón J. Sender que disen por ahít que “es una excelente novela de aventuras, rítmica y llena de lances inesperados, que se nutre de peripecias inauditas sin perder en ningún momento su rigor histórico. Gracias a esta obra, el lector puede imaginar un Oeste destinado a proporcionar evasión, y también zambullirse en un periodo tumultuoso, entrecruzado de lenguas y culturas, cuyos habitantes indican cierta sintonía con las razones morales de nuestro tiempo.” ¡Ya tengo ganes de leerlu!
Ah, y sobre el Mercat de Sant Antoni, definitivamente mi sitio favorito de Barcelona, también pesa el peligro de la “modernización” de Barcelona. Proximamente se van a empezar unas reformas para que “se convierta en uno de los motores comerciales más importantes de la ciudad”. Esto se nos ha vendido con grandes fanfarrias. Lo que no se nos ha contado o lo han hecho en letra muy pequeña es que “Con toda esta mejoría algunos paradistas del mercado de alimentos y de los Encantes abandonarán el negocio”. Ya puedo imaginar cuales van a ser. ¡Que ascazo más grande da esta ciudad de tecnócratas y reformistas!. Estoy por irme a vivir a La Roca y dejásela del todo a los Erasmus y turistas (ya casi es suya). Como decía Prince: “Sign o’the times”.
Viernes, 29 de Junio, 2007
8:39
Billy the kid
Has estado bién Pat, pero que muy bién… De todos modos este mundo ya no es el nuestro.
Viernes, 29 de Junio, 2007
10:01
Carlos Alonso
Reconozco, respecto al primavera y ahora que ha amainado la tormenta, que no me apetecía ir: tuve fácil, en consecuencia, el no “fichar” (como tú dices, Jordi).
Padezco demofobia. Una explanada repleta de gente representa para mí la sala de calderas del semisótano de satán. Y respecto a los grupos que detesto, no tengo suficiente con pasar de ellos. Si suenan, me molestan. Y el primavera estaba lleno de vejestorios sobrevalorados, mierdecillas hype, etc, etc… Y si para ver a Girls vs. boys, Ted Leo, Billy Bragg y Wilco tengo que tragarme toda esa fulaña, rodeado de multitudes… Prefiero ir al dentista.
Aparte: gran artículo, Jordi. Se ven pocos así por aquí. Yo como Jesús Lizano siento -invirtiendo a Cervantes-, que mi mundo no es de este reino.
Viernes, 29 de Junio, 2007
12:34
fermenta
pues nada, no os cuento qué bien se pasa cuando te gustan un par de grupos ‘indie’, porque te parecen interesantes, pero tus tendencias sonoras en general son más bien negroides… insisto:
http://www.fermenta.net/blog/?p=575
un saludo
Viernes, 29 de Junio, 2007
15:54
elincreiblepablo
de alguien que como dice el señor amat come del primavera sound (literalmente) me parece perfecta tu exposicion.
Aun y asi, y como ex-promotor de conciertos de los que hacia tortillas de patatas y abusaba del coche de Adrian de Alfonso parra recoger cabezales y baterias 3 minutos antes de abrir puertas y todas las penalidades que garrotada, molina, miros etc han sufrido ( y muy agusto!!!) debo decir que el primavera y solo hablare de este festival, ya como antes he dicho me da de comer (poco pero bien cocinado) cumple una funcion necesaria en cierta manera.
es una mierda, pero es que en barcelona no hay ni la infraesstructura de salas ni la gente con ganas de perder si bien ganado sueldo en que 6 amigos vean al grupo que solo ellos conocen. Pero los kids siguen cogiendo guitarras y siguen yendo de giras en furgonetas sin aire acondicionado y conductores veganos checos con mal de amores y algunos se hacen grandes y ante una falta de promotores independientes que no tiene acceso a salas por la saturacion de oferta y falta de espacio acaban siendo recogidos por festivales que pueden pagar una oferta artistca bastante decente y no arbirtraria con el “uso” de productos ya viejos (hablo de smashing pumpkins). Y esa misma falta de promotores con ganas de seguir perdiendo dinero, o con otros gustos hacen que los que se quedan pequeños no puedan muchas veces llegar. Quizas no sea eso y sea Hello Kitty.
No se, quizas me ciega el miedo al amo (aunque quien me conoce sabe que si trabajo en el primavera NO ES POR LA PAGA, q me gano la vida de puta madre haciendo otras cosas, que vamos que si trbajao es porque me lo paso bien haciendolo), pero me cuesta ver esta imagen de las “greedy hands of fumanchu” acariciando un orbe de cristal en el que aparece la imagen del joven con estudios y gustos musicales un tanto alejados de la radio comercial (aunque tenies q admitir qu ela ultima cancion de avril levigne parece bratmobile sobreproducido!) Si dinero se gana, pero vamos que tampoco hacen campañas con mesajes subliminales en el AR (el programa de la Quintana).
Que nada, que hace un calor aplastante en Brooklyn y he bebido demasiados Bloody Marys y os hecho mucho de menos
Pd habeis escuchado a lucio battisti ultimamente???? No os parece la polla?
Lunes, 2 de Julio, 2007
2:35
dani alonso
¿Thoreau? ¡Chapeau! Emmm… buen artículo, Jordi.
d.
Lunes, 2 de Julio, 2007
3:40
Johan
Da gusto leer un articulo como este, la veritat.
Lunes, 2 de Julio, 2007
4:36
marc
Oido Cocina!
El primer encargo son ocho tortillas de patatas para los ocho valientes que tocaran en el Funhouse, el festival sin sponsors y sin catering de lujo.
La verdad es que Jordi una vez hizo una paella en el Heliogàbal para el concierto de Songstore, algunos lo recordarán.
Martes, 3 de Julio, 2007
4:08
atmtc!
Que queréis que os diga de todas las vueltas que le estamos dando a este “nuevo estado de la independecia musica en Barcelona ” (toma ya!) que se propone columna si columna también en este fanzine indie me parece que ha tenido que ser un judio borracho y desde brooklyn el primero que ponga algo de lucidez: esta muy bien como carlos, uri y ahora jordi proponen eso de la no participación, pero que queréis que os diga tanto el judio como yo, que seguramente preferimos preceptos basados en MInor Threat y en Dark Throne que en los Jam o cosas así, seguiremos diciendo que siempre es mejor HACER ALGO que no hacerlo. Y si obviamente el abstenerse y quejarse, o el quejarse y abstenerse, es algo súper válido y necesario más de una vez pero siempre es mejor mirar un poco por encima de nuestros ombligos y quejarnos y montar algo de provecho como hacen, hacían o harán Pablo, Atzvara, la gente de La Roca, Parade, de vez en cuando el Johan, el tiet Bcore, los Heliogabalistas, etc
Martes, 3 de Julio, 2007
6:32
Carlos Alonso
A ver, a ver… más o menos, es eso, Molina, pero aquí nadie ha propuesto “un plan para derrotarlos a todos” consistente en “no hacer nada”. Prefiero que no reduzcas de ese modo mi discurso. Cuando se hablaba del Primavera Sound, nos preguntaste qué se podía hacer y en ese caso era fácil: no ir. Pero no es una respuesta válida para todos los casos.
El plan completo, y lamento ser “barriosesesamista”, es no hacer unas cosas y, a la vez, hacer otras. Evidentemente, no hay un plan maestro, al igual que esto que padecemos no ha sido realmente planificado por nadie “malvado”…
Aparte, en lo que explica Pablo desde NYC no veo esa cordura sino resignación y, para compensar, algo de esperanza gratuita. Y algunas contradicciones: no hay “salas” pero hay “exceso de oferta” que impide programar. Entonces ¿donde se programa?
Lo de las “greedy hands of fumanchu” es lo que se llama falacia por exageración. No hay gente “malvada” en todo esto, pero sí un montón de cosas que se hacen mal. Son los ofendidos quienes se han hecho esa imagen de sí mismos. Supongo que porque les picará algo.
Encuentro normal que cada uno justifique la forma en que se gana las garrofas, pero no es obligatorio hacerlo. Yo mismo, tengo un trabajo que es una puta mierda y que detesto. Como se dice por aquí, cadascú sap lo seu.
Martes, 3 de Julio, 2007
6:48
jordi rosaparks
A mí no me ha convencido tanto, que quieres que te diga, todo este vocabulario mercantilista: “saturación de oferta”, “oferta artística”, “productos ya viejos”, “promotores independientes”. Me gusta hablar de música en otros términos, el mercado podemos dejarlo aparte, ¿o no es a través de las palabras que construimos el entorno?, en esto soy más partidario de la “paraula viva” que del dialecto científico-mercantil de los burócratas del ocio.
No se como lo ven en Brooklyn, pero por aquí, el “bananero” trabaja porqué no le queda otra opción, que si por mí fuera, ya encontraria otras cosas “con las que pasarmelo bien”.
Martes, 3 de Julio, 2007
7:22
uriamat
Como “Pablo, Atzavara, la gente de La Roca, Parade, de vez en cuando el Johan, el tiet Bcore, los Heliogabalistas, etc” hay más gente que hace/organiza/monta cosas, aunque como hay otros que prefieren “preceptos basados en MInor Threat y en Dark Throne (???) que en los Jam o cosas así” no se hayan enterado / querido enterar.
Lo siento pero no creo en la verdad suprema. Y el HC, por supuesto, no la tiene.
Martes, 3 de Julio, 2007
16:32
atmtc!
Genial, lo que venía a decir es que lo importante debiera ser el aspecto positivo (hacer cosas que sumar a las tortillas ) más que el quejarse. Uri ya me ha dejado claro que hay cosas más allá de mi ombligo de las que no me he enterado/querido enterar, más atención la próxima vez.
A todo esto aquí nadie habla de verdades absolutas, ya no se llevan nada, simplemente es darle otro matiz a las conversas con opiniones diferentes, que sino todos diciendo lo mismo es un poco chapis!
Miércoles, 4 de Julio, 2007
1:44
jordilh
Está claro que el criticar es una especie de deporte nacional.
Es mucho más sencillo criticar que aportar algo. De hecho casi todos los foros pecan de lo mismo, nacen como un medio informativo, y la gente aprovecha para destruirlo a base de críticas (la mayoría destructivas, por desgracia)
Por otra parte, dejar clara una cosa… TODO es CRITICABLE
En cuanto a la verdad suprema… supongo que es algo que no existe, ni en el HC… ni en los Jam.
Viernes, 11 de Abril, 2008
0:38
dude5499
Yeah, but never the less, I think this post is debatable.