
Hace un tiempo me vi obligado a coger el autobús para ir a la tierra donde crecí, Valencia. Normalmente cubro el trayecto entre Barcelona, donde trabajo y Valencia, donde está toda mi gente, en el tren, pero en aquella ocasión no compré los billetes correspondientes con la suficiente antelación con lo que las plazas de dicho medio de transporte ya estaban agotadas.
El caso es que ahí estaba yo, un viernes por la tarde-noche, dispuesto a afrontar un trayecto de unas cinco horas en autobús. Iba pertrechado con un buen arsenal de material gráfico: libros, revistas, cómics, etc. con tal de pasar el tiempo lo más entretenido posible. Cuál fue mi sorpresa cuando, al anochecer, el conductor del autobús me informó que las luces de lectura no funcionaban y que sólo un ingeniero en electricidad podía solucionar el problema.
En consecuencia, estaba fastidiado. Sin luz no se podía leer y la tele tampoco funcionaba, por tanto no había película de vídeo que visionar. Para colmo me había quedado sin pilas en el mp3, con lo que la solución sonora quedaba también descartada. Lo que no me imaginaba es que la solución al entretenimiento de aquel largo trayecto la tenía junto a mí. Concretamente en la butaca de al lado.
No soy yo una de esas personas que busca hacer amig@s en el transporte público, de hecho siempre voy a mi puta bola con mis movidas. Pero aquella era una situación desesperada y encima mi compañero de viaje me lo puso a huevo. Cuando me senté en mi asiento me fijé en su aspecto rockero, que estaba leyendo la revista Rock Estatal y que escuchaba música en su mp3. Al rato, se sacó un bote de pistachos y me ofreció amablemente, pero yo acababa de merendar así que rehusé la invitación con cortesía.
A mitad de trayecto, con mi grado de aburrimiento en progresión ascendente después de haber pegado una cabezadita, me ofreció un bote de cerveza y ahí no pude decir que no. Fue la ocasión perfecta para romper el hielo y empezar a charlar, cómo no, de música. Hicimos una radiografía de la escena del rock estatal, las salas de conciertos de Barcelona, las de Valencia, etc. hasta que llegó un momento en el que él me dijo que tocaba en un grupo de rock y yo le contesté que, de vez en cuando, dedicaba mi tiempo libre a escribir artículos de música.
El siguiente paso fue el natural: Chisco, que así se llama el personaje del viaje en cuestión, llevaba una copia de su maqueta en la maleta y me la pasó para que escribiera unas líneas. Esa es la historia que os quería contar y aquí estoy, cumpliendo mi cometido, reseñando brevemente la maqueta de su grupo, Piel de Gato.
Piel de Gato son un trío de Barcelona, concretamente del barrio de Horta, y su rollo es el rock clásico recordando a bandas con solera como Leño o Transfer y a otras más actuales como Censurados o Gérmenes. La maqueta que me pasó Chisco consta de 7 temas y tiene un single claro: “Abismo”. Las letras de la banda tienen un cierto trasfondo social, tratando temas como la inmigración en pateras o la especulación en ciudades como Barcelona. Supongo que no tardará esta maqueta en convertirse en el primer disco oficial de Piel de Gato, así que si quieres más info su espacio en la red es: www.myspace.com/lospieldegato
Por mi parte nada más. Ya os he dado la brasa bastante con la historieta del autobús que, os lo aseguro, es 100% verídica. Un último mensaje: Chisco, si estás leyendo esto, nos vemos en algún bolo o en un nuevo trayecto de autobús. Te debo una birra.





Martes, 20 de Mayo, 2008
4:41
El Chisku
Salud compañero,
La vuelta no fue tan grata, en el asiento de mi vera, iba una chica que se pego las cinco horas hablando con el manos libres con su novio y por colmo … me quedé sin cerveza. Ahh.
Nos vemos por los bares, aunque ya sabes que este día 30 tocamos en la KGB.
Salud Y rocanrol