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1. El precio. Vale 125 euros (+gastos de distribución). ¡20.798 de las antiguas pesetas! ¡Han de estar de broma, hombre! ¡Más de un 10% aproximadamente de mi sueldo mensual! No quiero terminar el mes comiendo peladuras de patata para que se forren los del Nitsa y el Apolo, los organizadores de este evento de “últimas tendencias”. Vale, bueno, igual para tener un cartel así de abultado (¡unos 120 artistas!) y que cuadren los números ha de valer eso, pero, en primer lugar ¿quién que no sea un hippie o un crítico de RDL querría ver a 120 grupos en dos días? Ni que fuera masoquista, oiga.

2. Estará lleno. Eso seguro. Desgraciadamente en la Barcelona actual cualquier evento multitudinario y vacío de contenido triunfa como el Avecrem, ya sea La Festa de l’Aire o el Salò de l’Automòbil… ¡Cómo no va a triunfar un festival “indie” para chicos modernuquis! Con lo modernos que somos en Barna. Como no me gustan las aglomeraciones y no necesito ser un número más entre 40.000 personas sólo por que me gusten Robyn Hitchcock, Modest Mouse o el grupo de mi tía la coja, paso de ir.

3. Estará lleno de modernos. Así a ojo, calculo que al 75% de la gente que va al Primavera le importa una mierda los grupos que toquen (de hecho, no conocen a ninguno). Lo que “mola” es dejarse ver, tomarse su dosis de MDMA, tener algo de lo que hablar el lunes en el estudio de diseño y hacerse el enterao, así en general. Lo mismo vale para el Sónar, el FIB y el 80% de los festis nacionales.

4. Estará lleno de pijos, Erasmus y guiris. Con unos precios así (ver punto 1), los pocos que pueden permitirse ir (aparte de unos pocos fans sacrificados y/o ahorradores, que sé que los hay) son los pijos, los Erasmus, con sus becas primermundistas, y los artistas y vividores guiris en general, carne de Silenci, que cobran sus sueldos europeos viviendo aquí mientras, por su puta culpa, van subiendo los precios de una ciudad que, a los mileuristas y arrastrados de por aquí, ya no nos pertenece. A este proceso de colonización económica y/o cultural, los anglosajones, que ya han pasado por esto, le llaman gentrification. A los que no os suene esta palabreja os remito a http://en.wikipedia.org/wiki/Gentrification.

5. No me gustan los festivales. No le veo la razón a que toquen 120 (¡) grupos en dos días, con la consiguiente confusión y stress. Y menos en estos tiempos que corren. En los primeros festivales los hippies al menos se despelotaban, se drogaban como cerdos y follaban en el barro, cosas que, supongo no podían hacer en sus pueblos de origen. Actualmente la excusa es comernos el tarro con la publicidad, hacer que consumamos y, en resumen, aborregarnos. Si no me creeis, contad, en los días siguientes al Primavera, a ver a cuantos gilipollas veis con la camiseta del Nitsa que imita el logo de Motörhead… Además, suficiente tengo con coger la RENFE cada mañana como para tener que ir de escenario a escenario corriendo, entre grandes aglomeraciones, para no perderme al demacrado cantante de The Fall hacer el número.

6. Un día juré no ir nunca al Fòrum. El Fórum fue la excusa que usaron los hijos-de-puta-tecnócratas del PSC y compañía para urbanizar y especular en una zona que antes nadie quería ni regalada (está al lado de La Mina, uno de los barrios más degradados de la ciudad). Ahora tenemos rascacielos y viviendas de alto-standing a escasos 100 m de donde viven familias de rumanos en sus caravanas (o, mejor dicho, intentan vivir, porque los Mossos los hostigan día si, día también). Según la web del Primavera el Fórum es un espacio “ubicado a orillas del Mar Mediterráneo y perfectamente equipado que sitúa a Barcelona en un lugar privilegiado en relación a su capacidad receptora de eventos del más alto nivel”. El único evento de gran nivel del que tengo noticia fue el desembarco de okupas piratas que lo invadieron mientras duraba tan magno evento, para gran regocijo nuestro.

7. No me gustan los contratos de exclusividad. Las bandas extranjeras contratadas por la mayoría de festivales de esta península tienen contratos de exclusividad. Eso quiere decir que, por contrato, no pueden tocar en este país en el año en curso en el que el Festival tiene lugar. Por esto, si una banda humilde quiere aprovechar el billete de avión y hacer un par de bolitos más para los fans de verdad (que normalmente no ha podido ir al Primaveras por falta de recursos), por contrato no pueden hacerlo. Y no me chilles que no te veo.

8. Los enchufaos. Sólo hay una cosa peor que pagar 125 euros por ir a un festival de modernos abarrotado de gente y es la siguiente: pagar 125 euros por ir a un festival de modernos abarrotado de gente mientras a tu lado las “personalidades importantes”, la prensa y los amiguetes de los organizadores se ponen hasta el culo gratis en la zona VIP mientras tú haces cola por una mierda de frankfurt y un chupito de birra a precio de platino. La chusma se agolpa las primeras filas mientras la gente cool gorronea y sicofantea como si no hubiera un mañana. En Barcelona, por si no lo sabíais, el famoseo y amiguismo está a la orden del día y si no estás bien relacionado no eres nadie. Por lo que a mi respecta, se metan sus “invitas” por donde les quepan.

9. Espónsors. Casi imposible es ir ya a sitios que no estén esponsorizados por una malvada marca u otra. Ya sea el In-Edit, el Faraday o la estación de metro de Universitat (sitios en los que se me ha podido ver por lo menos una vez). Aún así, cada vez que voy a un sitio así se me hace un nudo en la garganta y tengo que hacer de tripas corazón. Hay un super-best seller de Naomi Klein llamado No Logo que lo explicaba mejor que yo: “Our intellectual lives and our public spaces are being taken over by marketing — and that has real implications for citizenship. It’s important for any healthy culture to have public space — a place where people are treated as citizens instead of as consumers. We’ve completely lost that space.”. El primavera es otro de esos eventos con esponsors a tutiplén. Si no hay más remedio (como en el caso del metro Universitat) se va, pero si lo sumamos al resto de razones, ya tenemos otra razón de peso por la que no ir.

10. Last but not least, el 2 de junio me voy de la ciudad. Barcelona es una ciudad repugnante cuando hay eventos multitudinarios, especialmente para los que vivimos en el centro. Que si se juega una final de fútbol, que el G8 se reúne aquí, que si Sónar,… Guiris y más guiris. Erasmus. El horror… Además, en el fondo da rabia saber que a un escaso kilómetro de distancia Ted Leo o los Buzzcocks dan el concierto de su vida mientras uno se bebe la vida en la barra del Solozábal. Así que lo mejor es marcharse. Mientras haceis colas por una cerveza enana en vaso de plástico o mientras veis a Patti Smith desde la fila 20.000 pensad en mí. ¡Sociata el último!