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En principio esto tenía que ser una reseña del DVD del Festival de Sant Feliu de Guíxols del verano de 2006, la última que se hizo por descanso este año de los organizadores, pero ¿que se puede decir de un vídeo? Es un buen recuerdo para el que estuvo, como las fotos de las vacaciones, pero para los demás no tiene mucha gracia. En éste en concreto hay una canción de cada grupo y algunas entrevistas escogidas, se ve y se escucha bien y quizás lo único que se le eche en falta siendo el décimo aniversario es currarse alguna entrevista más jugosa y no sé, captar un poco el ambiente de los asistentes, de la gente que siempre ha estado ahí…algún extra gracioso, yo que sé… pero está bastante bien. Lo han hecho los de Laifxou Productions, que conste.
De esta edición recuerdo que llovió a mares, que me tiré casi todo el sábado en el bar y que cada vez que intentaba ir al Festival me diluviaba y cambiaba de opinión. Que una vez lo conseguí, volvió a llover y me quedé atrapado en la carpa mientras tocaban los melenibarbudos de Planes Mistaken for Stars y que me dieron miedo. Que me emocioné de verdad con los Weakerthans, que me lo pasé muy bien en la casa de Calonge del Rafa (merci per la hospitalitat) con el Enano, el Marcel, el Einstein y compañía y que el domingo comimos muy bien.
En el transcurso de todos estos años he conocido a mucha gente en el Festi y me han pasado muchas cosas, unas muy buenas y otras más malas y si la memoria no me engaña creo que he estado CASI todos los años. De hecho conservo las entradas y flyers de la segunda y tercera edición y de todas las siguientes tengo algunos recuerdos vagos, así que como mucho debo haber faltado a una o dos ediciones.
En fin, que como este año no ha habido festival y como sincero homenaje a los alegres muchachos de Atzavara que tantos quebraderos de cabeza han tenido en el desempeño de su labor, seguidamente os dejo con las 10 razones por las que siempre que he podido (que como digo han sido CASI todas) he ido al Festival de Sant Feliu. Allá van:

1. La organización. La gente que monta el Sant Feliu Fest son gente muy maja, humilde y sin pretensiones. Además, como el Festival no tiene ánimo de lucro y los que curran allí son voluntarios, es casi imposible encontrarse al típico camarero-segurata amargado de la vida, antipático o con ganas de pelea, sino más bien a gente que se lo pasa muy bien (pese a estar currando como unos jabatos).

2. Su ubicación. Aparte de que se hace en un pueblo de la Costa Brava y en pleno agosto, con todo lo que ello significa (paellas, terrazas, playas, gente semi-desnuda, etc.) Sant Feliu, al igual que La Roca y muchos otros sitios más de nuestra geografía, han contribuído a descentralizar de manera radical la escena independiente catalana. Hay muchas bandas de fuera que cuando pasan por estos lares tocan en alguno de los dos Sant Felius (de Guíxols o de Codines) o La Roca mientras que por Barcelona ni se acercan. ¡Olé sus huevos!

3. Su aforo. Como dice uno de los organizadores en el vídeo, la capacidad de recibir gente del festival no es algo casual. El Festival se ha estancado en unas 2.000 personas y a los organizadores les gusta que sea así “para mantener el ambiente familiar”. En estos tiempos que corren de mega-crecimiento y turbo-capitalismo ¿no es bonito encontrarse con algo así?

4. La música. Aunque multitud de las bandas que han pasado por el festival no han sido de mi agrado (especialmente las de hardcore pseudo-metalero o directamente jevis), ¿en qué otro festival hemos podido ver a grupos como Lungfish, Aina, Dismemberment Plan, GvsB, Starmarket, Weakerthans, Ted Leo, A Room with a View o French Toast? (vale, hay alguno de estos que sí ha tocado en algún que otro festival, pero ¿a que precio? –y no me refiero sólo a la pasta aquí-).

5. La costumbre. ¿Que voy a hacer sino a mediados de agosto? Si he ido casi cada año desde hace diez ¿porque iba a dejar de hacerlo? Y es que en todos estos años que ha habido festival he visto toda su evolución: desde los primeros años, con mayoría simple o absoluta de grupos nacionales, en la ruinosa primera Atzavara, lleno a reventar, con ESA bombilla como única iluminación en el escenario, esas latas de cerveza calientes y ese sudor que se condensaba en el techo y que caía sobre nuestras cabezas, hasta el último año, con un plantel repleto de grupos extranjeros (sin olvidar a los de aquí, claro) en ese campo de fútbol con backstage, organización casi-profesional y con lavabos bastante decentes, hay un gran trecho.

6. (Ausencia de) espónsors. Aunque se nos haya repetido ad nauseam que no se puede organizar nada sin uno o varios espónsors corporativos, los alegres muchachos de Atzavara nos han demostrado que sí se puede (especialmente si tu deseo no es llenarte los bolsillos de sestercios a costa de los demás). Sin contar las primeras ediciones en las que los gastos debían de ser mínimos (porqué ¿cuánto valen una bombilla de 60W y unos cuantos sixpacks de cerveza templada?), en el resto de ediciones ha habido cartel, instalaciones, sonido y organización que no tienen nada que envidiar a eventos similares re-ple-ti-tos de esponsorizaciones. Es entonces el momento de hacerse la pregunta ¿por qué ir a los demás pues?

7. La aventura. Aunque ha habido un par o tres de años que he ido con pensión (la ya mítica Gas Vell) y otros más a casa-de-Rafa-de-Calonge, en ocasiones he llegado a Sant Feliu sin tener ni puta idea de qué iba a pasar con mi cuerpo llegadas las 6 ó 7 de la mañana (mi cabeza sí sabía donde iba a estar). He dormido en suelos de gente, en furgonetas, en playas y en algún que otro agujero más. Que mal he dormido en todos ellos pero ¡qué aventuras!

8. La diversión. Qué borracheras, qué momentos en nuestra cala, qué resacas, qué chapuzones, qué paellas, qué visitas al ambulatorio, qué licor Bonet, qué temerarios trayectos en coche hasta Calonge, qué conciertazos, cuantos amigos, cuantas amigas, qué recuerdos, cuantos habituales y cuantos desaparecidos…

9. (La ausencia de) enchufaos. Me ha dicho un pajarito que hay festivales (no diré nombres) en los que se reparten “invitas” como si fueran cromos entre las personalidades políticas, culturales y funcionariado local mientras las entradas para el resto del lumpen cuestan un riñon y parte del otro. En Sant Feliu no sólo no han hecho felaciones a los burócratas de turno sino que, pese a que estos últimos les han hecho la vida imposible, han conseguido organizar cada año durante los últimos diez uno de los festivales más dignos de Europa (en todos los sentidos). Un hurra por ellos.

10. Last but not least, los asistentes. En Sant Feliu siempre ha habido muy buen ambiente, siempre he tenido la sensación de estar como en casa y esto es mérito tanto de la organización como de los fieles que se han congregado allí cada año. Pese a que en algún momento ha habido momentos sonrojantes (así, a botepronto, recuerdo el boicot de unos integristas hardcore al concierto de Dismemberment Plan) el comportamiento de la gente ha sido siempre ejemplar. No recuerdo yo ninguna bulla, ni incidente a destacar… ni cuando era “hardcore” ni ahora. Y eso que la burocracia local les ha cambiado de ubicación miles de veces, les ha vetado conciertos, les ha demolido el local, les ha negado autorizaciones, etc. etc. O sea que el SantFa no es violencia ni cuando se acaba la paciencia. Volveremos el año que viene.